12 jul 2015

EL SANSÓN DE EXTREMADURA


El Sansón de Extremadura, Diego Gardía de Paredes

Posted by AH Antonio in S.XVS.XVITercios
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En Trujillo un 30 de marzo de 1.468 nació un gran soldado, Diego García de Paredes el que a la postre fue llamado “el Sansón de Extremadura” y por ende del Imperio español, diría yo.
De una nobleza de segunda fila alejada de la corte, Diego comenzó sus andanzas soldadescas a las ordenes de Fernando González de Córdoba en 1485 en la guerra de Granada, allí comenzó a forjar una leyenda y una fama que una vez conquistado el reino nazarí le acompañaría a Italia con “El Gran Capitán” que lo tenía entre sus mejores hombres.
Terminada la contienda con el francés, Diego García se dedicó a sobrevivir en tierras italianas, mercadeando en el mercado negro, poniendo se espada al servicio de otros, pero esto era algo humillante para un hidalgo español, así que se dirigió a Roma donde tenía familiares. Se cuenta que al paso de la comitiva papal se originó un gran tumulto que derivó en riña, y como no Diego estaba implicado en esa gresca hasta las trancas, matando a cinco e hiriendo de diversa gravedad a diez más, esto lo vio el papa Alejandro VI, diciendo a su secretario…, a ese español lo quiero conmigo, y así fue porque fue nombrado guarda espaldas del Papa y además terminó como capitán de la guardia papal.
Distintas participaciones en batallas al servicio de los Borgia hicieron
crecer la fama de Diego, además una anécdota viene a incidir en su apodo de “Sansón”, pues en un asedio a Montefiascone facilito la entrada de sus tropas, arrancando las argollas que sujetaban las puertas de la ciudadela, arrancándolas el solo y a fuerza de tirar de ellas, casi nada….El Turco fue el siguiente sufridor de su espadón y ya al servicio del ejercito español se encamino al asedio de Cefalonia, una isla griega que los turcos arrebataron a la República de Venecia, pues bien los turcos defendiendo las murallas utilizaban una especie de ganchos que a modo de pesca los tiraban hacia las tropas asaltantes, los enganchaban con un anzuelo y los subían a las almenas donde acababan con la vida del desdichado soldado, hasta que pescaron a Diego García…, lo izaron pero este se zafó del gancho y comenzó a dar mandobles a diestro y siniestro cargándose a un buen número de turcos, mas de cuarenta jenízaros acorralaron a Paredes que estuvo durante tres días defendiéndose y vendiendo cara su derrota, al final fue apresado pero producto de la fatiga simplemente, este Diego los tenía bien puestos.
Tras esta hazaña el comandante turco decide no ejecutarlo y encerrarlo con el fin de pedir rescate por su persona, craso error, pues Diego ya recuperado del cansancio se libra de sus cadenas y derrumbando la puerta de su celda escapa, le arrebata la espada al guardián y comienza otra vez la fiesta, que duraría hasta que es tomada la fortaleza por españoles y venecianos.

La nueva guerra con los franceses en Italia vería al ya conocido como el Sansón extremeño incrementar su gloria, aunque orgulloso como era no aguantaba reproches ni broncas de nadie, ni siquiera del Gran Capitán. Cuenta que Paredes se enfrentó a unos franceses en un callejón, un paso angosto donde los hijos de la France tenían que entrar de uno en uno, pues bien, se dice que uno a uno se cargó a 2.000 franchutes, ¿algo exagerado no?…
Trpal’pelo” a los gabachos Diego regresó a España como un héroe, aunque rápidamente le despojaron de honores, pues se enfrentó a la nobleza que acusaba a El Gran Capitán de dispendios y traición, hasta llego a retar en duelo a cualquiera que levantase acusación contra el de Córdoba, incluso en presencia del Rey Católico que presionado por los nobles despojo de toda posesión a Diego.
as las guerras italianas, donde como no, les dimos ”

Proscrito y con su cabeza en venta y cobro se dedicó a la piratería por el mar mediterráneo, donde atacaba a franceses y berberiscos. Parece mentira pero con todo lo que hizo e hizo pasar a sus enemigos, tantas heridas de guerra, la caída de un caballo se llevara a la tumba en 1.533 a tan famoso guerrero, Diego García Paredes “El Sansón de Extremadura

11 jul 2015

UN CAPITÁN DE LOS TERCIOS-

La Flandes del siglo XVI vista por un Capitán de los Tercios (I)

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Se podía afirmar sin temor a equivocarse que, en general, todas las provincias de Flandes eran ricas y poderosas. Es la conclusión con la que empieza su crónica Alonso Vázquez, nuestro admirado cronista y Capitán de los Tercios de Flandes. En palabras de un historiador «el autor que más espacio ha dedicado a la descripción pormenorizada de la gente (de Flandes) y de sus usos y costumbres». ¿Españoles del siglo XVI describiendo a otras naciones y no al contrario? Toda una novedad que iremos desgranando.
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FLANDES
El aire de Flandes, dejó escrito el Capitán Vázquez, era húmedo pero saludable y la tierra generaba un excelente pasto para un ganado que era numeroso y bien nutrido. Tanto que llama la atención a nuestro protagonista pues “engendra fecundísimos ganados que dan copiosamente sus crias, y tanta leche, que es cosa increible“. Y no solo vacas, también bueyes enormes de los que ya disfrutaban de su magnífico sabor “[…] de tan sabroso gusto que no hay carne que se les iguale.”
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Tanta lluvia, buena para muchas cosas, era sin embargo penosa para otras: “Hay muy pocas frutas, y esas sin sazón“, “por milagro llegan a tener el sabor que las de España e Italia“.
Claro que tampoco tenían “melocotones, higos, ciruelas, melones, hortaliza muy poca, lechugas, perejil, no se siembran ajos, ni los comen. No hay pimientos, azafran, sal, ni garbanzos, lentejas, arroz, ni almendras, porque todo se lleva de España. No hay olivas ni aceite, en lugar dél se adereza de comer con manteca de vacas. No hay naranjas, ni limones, ni otras frutas desta calidad, ni en las campañas ni montes hay romero, espliego o alhucema, tomillo ni ningún género de hierbas olorosas“.
El vino, los flamencos, lo importaban en cantidades enormes porque el de la tierra “es muy áspero y sin gusto“. Todo lo contrario que la cerveza que merecerá capítulo a parte por su abundancia, excelente sabor y variedad. A la luz de esta información, se entiende más fácilmente que a los comerciantes españoles les interesara que Flandes siguiera en la órbita del Rey de España (y también que la gastronomía no fuera su fuerte).
No había en Flandes “encinas, abetos, pinos, […] pero hay bellas y empinadas hayas, altos y robustos robles y otros muchos árboles […] y todo el año están vestidos de sus hojas“.
No era un clima benigno, ni para la fruta ni para las personas, hasta el punto que se decía “que de doce meses del año, nueve son de invierno y tres de infierno“. A decir de nuestro protagonista, que lo sufrió en sus carnes, los meses de Julio, Agosto y Septiembre eran terribles del excesivo calor que hacía, dándose casos de muerte por insolación. De los otros nueves de meses de frío y humedad ya teníamos más referencias.
Habiendo tanta vegetación por las lluvias tan frecuentes, sí tenían excelente caza y cantidad de animales silvestres (también lobos más feroces y grandes que los de la península) y todo género de pájaros que se criaban en la espesuras de florestas que tenían extensiones enormes y cuya abundante madera se utilizaba para la construcción de edificios y navíos.
Los caudalosos ríos que, viniendo de los Alpes, cruzaban Flandes les proporcionaban buena pesca de agua dulce que “se venden vivos y los tienen en agua en las pescaderias“. La cercanía del Atlántico les proporcionaba abundante y variado pescado de agua salada. El sector del pescado movía mucho dinero, a oídos del autor llegó que “los salmones, doscientos mil (ducados), y las sardinas arenques, un millon y quinientos mil ducados al año“. Y un ducado era una moneda de oro de 3,6 gramos de gran pureza.
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Lonja de pescado, Gante
Las lluvias en Flandes aunque abundantes solían ser finas, las menos veces torrenciales y menos aún convertidas en tormentas porque “no hay truenos, relámpagos ni rayos, ni muchas tempestades, porque como la tierra es tan baja y el aire húmedo y templado no da lugar a que las haya“.
De los moradores de esas tierras dice son dados al comercio pero también, y en mayor medida, a las armas. Tantas guerras habían sufrido en su historia que los había enseñado a ser buenos y valerosos soldados, si bien un vicio generalizado daba al traste con el buen talante de esas gentes. Un vicio casi exclusivo de hombres porque las mujeres lo habían aprendido a controlar, del que sacaban buen provecho y del que hablaremos en la próxima entrega.
Alonso Vázquez (Ocaña o Toledo 1577 – Andújar 1615), Capitán de los Tercios de Flandes y excelente cronista. Nos legó el más extenso testimonio histórico que disponemos sobre las guerras de los Países Bajos desde 1577 hasta 1592, en algo más de 1.700 páginas impresas. «El autor que más espacio ha dedicado a la descripción pormenorizada de la gente y de sus usos y costumbres» enriqueciendo su aserción con numerosas citas y ejemplos.

GUILLERMO DE ORANGE-FUERA DE LA LEY

Efemérides: Guillermo de Orange, fuera de la Ley

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Fue el 15 de marzo de 1581: Felipe II declara fuera de la Ley a Guillermo de Orange, lo acusa de traición, ingratitud y herejía y pone precio a su cabeza: 25.000 coronas y cargo nobiliario. Habría de pagarlas tres años después porque al segundo intento se cobraron la pieza. Sin embargo la pregunta que nos hacemos es: Si los problemas serios empezaron en 1566-67 y generaron tantas pérdidas humanas y económicas durante tanto tiempo ¿Por qué tardó Felipe II catorce años en ponerlo fuera de la Ley y pedir su cabeza?
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Los previos, muy brevemente: Para poner el marco un poco más adecuado, debemos indicar que lafuria iconoclasta de los protestantes se inicia en 1566. La respuesta inicial de la Corona Española, que buscaban fuera proporcional, es enviar a Duque del Alba al frente de una parte de los Tercios Viejos por El Camino Español, para detener la revuelta. La situación se estabiliza incialmente pero con el paso del tiempo se deteriora.
Guillermo de Orange, junto con el Conde de Egmont y el Conde de Horn encabezan una “oposición” de la rica nobleza local que quiere recuperar poder de decisión que habían perdido al abdicar Carlos V en Felipe II, y al poner éste a personas de su confianza en los puestos clave de la gobernación de sus Estados.
De resultas de la revuelta, el Duque de Alba apresa a buena parte de los amotinados (en los que se mezclan motivos religiosos y políticos), juzgando y condenando a muerte, entre otros, al conde Egmont y el Conde de Horn que son ajusticiados. Guillermo de Orange huye porque teme por su vida (estaba detrás de la revuelta por su apoyo financiero) pero, sin beberlo ni comerlo, se convierte en laúnica referencia poderosa de oposición al Rey. Corría el año de 1567.
Criado en la fe luterana su proximidad al poder (muy cercano a Carlos V y también al propio Felipe II) hace que sea educado como católico. Es un ferviente religioso que se mueve entre los dos mundos y aboga, en su fuero interno, por la permisividad religiosa.
Pero mantener esa postura tibia le inhabilita para liderar la oposición al rey, así que escoge:
– Financió a los ‘mendigos del mar’, se alió con los hugonotes (protestantes franceses), formó un ejército para enfrentarse a las tropas leales a su Rey, Felipe II, en 1568.
Felipe II no declara fuera de la Ley a Guillermo de Orange
– En 1573 Guillermo de Orange se convierte al calvinismo –difícil liderar protestantes siendo católico– En el 1574 vuelve a formar un ejército para batallar contra su Rey legítimo.
Felipe II no declara fuera de la Ley a Guillermo de Orange
– Se pasa por el arco del triunfo el Edicto Perpetuo, que él mismo había ayudado a redactar, de 1577, que era un acuerdo de paz. Y no puede, o no quiere, frenar en los territorios que él “domina” elradicalismo protestante que persigue a los católicos.
Felipe II no declara fuera de la Ley a Guillermo de Orange
· Guillermo firma y apoya la Unión de Utrech que es la respuesta de las provincias protestantes a la Unión de Arras (de la provincias católicas que permanecen leales a su soberano). Corría el año de 1579.
Sin noticias de Felipe II. Ahora bien…
El 29 de Septiembre de 1580. Las Provincias Rebeldes y Francia firman un Tratado (Tratado de Plessis-les-Tours) por el que el Duque de Anjou se convierte en ‘Protector de la Libertad de los Países Bajos” o lo que es lo mismo en su nuevo soberano. Eso implica una renuncia explícita de esas provincias a su soberano legítimo materializando lo que Guillermo de Orange había estado preparando durante largo tiempo.
Ahora sí: 15 de Marzo de 1581, Felipe II declara fuera de la Ley a Guillermo de Orange y lo acusa de traición, ingratitud y herejía, poniendo precio a su cabeza.
Poniendo las cosas en su orden adecuado suelen tener más sentido.
Epílogo: El Duque de Anjou tampoco consiguió ganarse la simpatía holandesa.. Resulta que como el francés no estaba satisfecho con el poder limitado que indicaba el Tratado decidió sobrepasarlo a la primera de cambio y empezó por tomar Amberes (1583) en lo que se llamó la “furia francesa“. La apuesta de Guillermo había salido rana, si bien siguió apoyándola aunque el de Anjou tuvo que salir por piernas finalmente. Poco más pudo hacer Guillermo porque en 1582 hay un primer intento de asesinato del que se recupera a duras penas. En 1583 se consumó a la segunda intentona.

ORIGEN DE LA CAMARADERÍA

Los Tercios de Flandes: Origen de la camaradería

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Camaradería puede ser una de las palabras más recurridas de la historia y, como tantas otras aquilatadas en lances de armas, también ésta es española. El término que designa universalmente lafraternidad entre soldados, nace como institución única y ejemplar hace cuatro siglos: “las camaradas” de los Tercios Viejos.
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A diferencia del “contubernio” romano –al que no dejaban de emular– las camaradas carecían de carácter orgánico, pero sin la ligazón transversal de estas agrupaciones para hacer rancho común sin más criterio que el azar o el paisanaje, aquella infantería nunca hubiera llegado a funcionar con la eficacia y combatividad que la hizo legendaria.
Las camaradas fueron un poderosísimo factor de cohesión interna que diferenciaba a nuestros Tercios de otros ejércitos de la época. No respondían a ningún requisito de formación o destino y su dimensión era antes emocional que táctica, pues llegarían a significar mucho más que un mero acuerdo de logística gregaria, prevaleciendo su legado hasta nuestros días. Ocho o diez compañeros de armas compartían la misma “cámara” o habitación alquilada, contribuyendo a los gastos comunes. En campaña, la camarada se mantenía adaptándose a las nuevas circunstancias desde el esfuerzo solidario de cada uno de sus miembros, estableciéndose cometidos de interés: uno hacía de despensero, otro tesorero, otro buscaba leña, otro cocinaba, otro trapicheaba…etc.
Así daba cuenta a su respectiva “Signoria” un embajador veneciano informando, a principios del XVII, de una de las razones de la fortaleza de los Tercios Viejos.
“Hacen la “camareta”, esto es, se unen ocho o diez para vivir juntos dándose entre ellos fé y juramento de sustentarse en la necesidad y en la enfermedad como hermanos. Ponen en esa camareta las pagas reunidas y proveyendo primero a su vivir y después se van vistiendo con el mismo tenor, el cual da satisfacción y lustre a toda la compañía”
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Cuando era necesario distribuir paño, víveres o cualquier otro socorro o pertrecho que asistiera la penuria de las tropas, sargentos y sargentos mayores de compañía daban la instrucción “repártase por camaradas” para que fuera ecuánime. Ante las camaradas no cabían argucias de acaparadores… por la cuenta que a estos traía. No obstante las situaciones de campaña, en el contexto general de nomadismo militar en el que debe entenderse el despliegue de los Tercios, ya fuera a lo largo delCamino Español, en las galeras del Mediterráneo o en las plazas fuertes, fortalezas y presidios que jalonaban las fronteras de los Habsburgo, mayoritariamente los soldados no estaban acuartelados, sino que vivían en “régimen de camaradas”.

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De la raigambre de la institución da idea el que oficiales y Maestres de Campo tenían también sus propias camaradas. La del capitán, formada por soldados viejos bien acreditados y poco pendencieros, añadía la ventaja de mantenerle al tanto de la moral y estado de ánimo de la tropa al mando de la compañía. La del alférez actuaba como una suerte de guarda privada que le protegía de los muchos peligros que implicaba su cometido de portar la enseña durante el combate. Los más modernos estudios de psicología del combate coinciden en que la motivación profunda del soldado, más allá de los espacios comunes de la patria, los grandes ideales o incluso la bandera, vinculan la implicación en la lucha y la aceptación de los sufrimientos y penalidades a algo mucho más tangible y próximo. En este sentido las camaradas refrendaban a cada combatiente la convicción, constatada en la práctica, de formar parte de algo más grande que ellos mismos.
Las camaradas podían asumir también un carácter benéfico o, más en terminología de nuestros tiempos, de “protección social”. Así se “sugería” que los oficiales asumieran en sus camaradas aquellos soldados con menos posibles para que recuperar sus maltrechas haciendas o completar su equipo con el dinero que ahorraban, siendo relevados de la mesa por otros compañeros necesitados una vez superado el mal momento. Todo un ejemplo de solidaridad para aquellos para aquellos soldados profesionales, sin el que resulta impensable concebir situaciones como las que cita Quatrefages en la carta que los soldados de Flandes dirigen a los amotinados de Alost pidiéndoles que, pese a haberse salido de disciplina por el prolongadísimo impago de haberes y otras penurias acumuladas, retomasen las armas para socorrer a los sitiados en Gante por los herejes:
“Siendo como somos… en la afición propios de hermanos… prometemos como Españoles y juramos como cristianos… de morir por ellos… porque Españoles pelear tienen por gloria y vencer por costumbre. Pues vamos señores por amor de Díos a socorrer el castillo de Gante donde están nuestros amigos y hermanos.”
Ni que decir tiene que a los amotinados les faltó tiempo para tomar toledanas, vizcaínas, picas y arcabuces partiendo con la mayor diligencia en socorro de Gante para, una vez liberada la plaza, tornar a su amotinamiento en reivindicación de haberes y compromisos incumplidos. Esta situación habría sido absolutamente impensable –lo es aún hoy en día, o quizá más hoy en día – en otra Infantería que no fuera la Española de aquellos siglos terribles y maravillosos.
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Pues esto es, señores, lo que eran y deberían seguir siendo “las camaradas”, como forja y crisol de lo que hoy entendemos por camaradería. Más allá del preciso origen y significado de ambos términos, a todos consta que han sido asimilados por fuerzas armadas de muchos otros países y aún como jerga de aproximación en partidos políticos, sindicatos, y regímenes afines. Huelga decir que toda semejanza de estas acepciones con la camaradería inspirada por nuestros antepasados españoles en la profesión de las armas, no es tanto mera coincidencia como oportunista y espuria apropiación indebida.
Así les ruego que tengan todo esto muy en consideración, tanto por el homenaje a nuestros antepasados como por honrar el contenido profundo de tan hermosa palabra para que sea administrada conforme a su dignidad, reservándola así para quienes realmente sean merecedores de ella.
Miguel Ortego
Miguel Ortego Agustín, vallecano de nacimiento y toledano de adopción, es un apasionado de la historia militar en general y particularmente de la de España. En especial de la Guerra Civil Española, La Guerra de Marruecos y sobre todo de la Infantería Española en el periodo que va de los siglos XV al XVII. Veterano de Infantería de Marina, es suboficial de la reserva del Ejército de Tierra y colabora habitualmente en revistas de historia militar y actividades de recreación histórica.

JUAN DE AUSTRIA

Juan de Austria: el nacimiento de una leyenda

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Todos conocemos un tanto la vida de Juan de Austria: Vencedor de las Alpujarras, héroe de Lepanto y destinado a solucionar el nudo gordiano de Flandes. Antes, claro, de que le sobreviniera la muerte de manera prematura, como le ocurre a los que se convierten en leyenda. Lo que no sabe ya tanta gente, es que, cuando nació Jeromín*, no parecía que el destino le tuviera reservado ese lugar en la Historia. Ni siquiera se sabía cuando había nacido (ni año, ni día). Lo que sí se sabe es donde, concretamente, fue concebido ¡Qué cosas!
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El “pobre” Carlos I estaba ya entrado en años. El cuerpo dolorido de tantos viajes y luchas. Con el alma ya cansada de soportar el peso de un Imperio que no hacía más que crecer pero al que le salían grietas que lo ponían en riesgo. Faltaban todavía diez años para que abdicara en su hijo Felipe así que todavía le quedaba mucho trabajo por delante.
Con 46 años a sus espaldas, viudo y de vueltas de todo, fue a Ragensburgo (Ratisbona) donde se celebraba la Dieta Imperial del Sacro Imperio Romano Germánico y que él, como Emperador, presidía. Allí reverdeció por un tiempo el ánimo del monarca. No fue por la Dieta (que resultó un poco fiasco) sino porque conoció a una bella y rubia alemana: Bárbara Blomberg. Una chica (mayor de edad) de voz dulce que cantaba como los ángeles en el coro de la Catedral.
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No entraremos en detalle pero cierto es que además de reverdecer el ánimo, también lo hizo la pasión y fruto de aquellos amores nacería, meses más tarde, el pequeño Jeromín.
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Esos amores tuvieron lugar en una habitación concreta, de un establecimiento concreto, de una plaza concreta, en una ciudad concreta: El Goldenes Kreuz. Situado en un antiguo castillo patricio del siglo XIII, en pleno corazón de Ratisbona. El establecimiento muestra ahora orgulloso en su fachada una inscripción que deja claro que el famoso vencedor de Lepanto fue concebido allí.
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“He hath here at late hour / Kissed a virgin’s lips / A boy who resembled his father arose,/  Don Juan of Austria / Who, at the battle of Lepanto / Defeated the Turkish fleet / God bless him Now and forever”
en una traducción libre: “Él aquí en horas tardías/Besó los labios de una virgen/Un chico que se parecía a su padre se levantó/Don Juan de Austria/Quién en la batalla de Lepanto/Derrotó la flota turca/Dios le bendiga/Ahora y para siempre”.
La vieja posada imperial sigue abierta al público como hotel, así que si pasáis por allí tal vez queráis visitar donde gustó ser concebido uno de nuestros españoles más ilustres.
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Volviendo a la duda inicial sobre cuando fue su nacimiento la teoría más lógica es que fue concebido en mayo de 1546, lo cual hace verosímil que naciera en 1547. Con respecto al día es más que probable que Juan de Austria escogiera su día de nacimiento haciéndolo coincidir con el de su padre en honor a él y como muestra de respeto. Pero, perdón por el acomodo, nosotros tenemos otra teoría: La fecha del nacimiento de Juan de Austria fue, en realidad, el 6 de junio de 1554, cuando el Emperador Carlos lo reconoció como hijo, hasta entonces solo era Jeromín.
* Le llamaban Jeromin, porque la madre se casó al poco tiempo con Jerónimo Píramo Kegell (Jerôme Pyramus Kegel), con lo que al niño se le llamaba «Jerónimo» o «Jeromín», derivando del nombre de su padrastro.

26 abr 2015

40 AÑOS DESDE EL SAHARA







40 años desde el Sáhara
Hacerse mayor, o viejo, es que de todo cuanto recuerdas hayan pasado veinte años. Miras atrás, haces un poco de memoria, y resulta que todo ocurrió en pretérito pluscuamperfecto. Y no 
digamos cuando lo que han pasado son cuarenta. Ocurre a menudo al mirar viejas fotos o escuchar antiguas canciones, o cuando se te cruza un rostro que ya se cruzó antes, y tras escrutarlo como quien interroga a la esfinge reconoces a un amigo de la mili, un amor de juventud, un compañero de colegio. O no lo reconoces en absoluto, y a veces ni siquiera te reconoces a ti mismo.
Hace tres días me dijo una señora: «Soy la hija del comandante Labajos», y disparó una intensa cadena de recuerdos y sentimientos. Hace muchísimos años, cuando aún era un joven reportero, me acerqué a un hotel donde se casaba esa misma señora, entonces jovencita. Su padre era el militar español al que más quise y respeté en mi vida, y él me quería tanto como yo a él; así que cuando aparecí por el hotel del convite, el comandante Labajos -quizá ya era teniente coronel, pero para mí siempre fue el comandante-, vestido de azul oscuro de gran gala, dejó a la hija y a los invitados, se vino al bar a beber conmigo, y a los tres cuartos de hora tuvo que ir su hija, enfadada, a devolverlo a la fiesta. Estábamos hablando de sus recuerdos y de los míos. Estábamos hablando del Sáhara. 

Aterricé en El Aaiún con veintitrés años -ahora hace cuarenta-, y permanecí allí nueve meses que cambiaron mi vida. El joven reportero que sólo llevaba en la mochila un par de guerras en plan pardillo, sur del Líbano y Chipre, se forjó allí en la disciplina de la crónica diaria, la brega local, la censura, las autoridades militares. Fue una aventura fascinante. En el Sáhara me hice de verdad periodista, y allí, testigo de la agonía de aquel pintoresco mundo africano y colonial, fui amigo de muchos de sus protagonistas, legionarios, paracaidistas, soldados de Nómadas o de la Territorial, y compartí con ellos patrullas, sobresaltos, episodios que nunca conté -aquellas incursiones clandestinas en Marruecos-, y también borracheras en el antro de Pepe el Bolígrafo y confidencias en compañía de una botella, un cartón de cigarrillos y alguna chica guapa -Silvia, la Franchute- de las que venían de la Península para animar el cabaret Oasis. 
El comandante Labajos y otros -capitán Gil Galindo, capitán Sandino, teniente Albaladejo, teniente de nómadas Rex Regúlez- me adoptaron casi como padres y hermanos. Ahora unos están muertos y otros envejecen jubilados, recordando. Como hago yo ahora. Fui hace un rato a mirar sus viejas fotos y ahí están todos, aún jóvenes, apuestos, curtidos por el sol y la arena, en el desierto junto a sus tropas nativas: soldados magníficos, de leyenda, que parecen sacados de las páginas de Beau Geste. Presencié su
sacrificio, su valor, su calderoniana disciplina de hombres honrados, y también su amargura y su vergüenza, su desesperación, cuando sus jefes, los generales y los políticos que pasteleaban con Washington y con Rabat, ordenaron desarmar a las tropas nativas y entregar el territorio a Marruecos. Algunos, los que se atrevieron, ayudaron a sus hombres a escapar y unirse al Polisario. Más tarde, durante muchísimo tiempo, cuando nos tomábamos una copa en Madrid después de que yo regresara de algún reportaje en la frontera con Argelia, todos me preguntaban lo mismo: «¿Has visto al cabo Belali, o al sargento Embarek?... ¿Siguen vivos Laharitani, Sidahmed, Brahim?... ¿Se acuerdan de mí?».
Cuarenta años, ya. Cuatro décadas de esa aventura y esa vergüenza. El Sáhara ya es marroquí sin remedio, y aquel sueño de arena no es más que una quimera de campamentos de refugiados, en la frontera perdida de ninguna parte. Mis amigos de entonces, los que siguen vivos -Mayandía, Roberto, Olegario, Yoyo-, echan tripa y envejecen añorando lo que fueron. Los demás se fueron, su lista aumenta a medida que envejezco, y algún día también yo me uniré a ellos: Rex Regúlez, Diego Gil Galindo, el teniente coronel López Huerta, el teniente Albaladejo, el comandante Labajos, el cabo Belali uld Maharabi... Como en esos momentos finales de las películas de John Ford, sus rostros de entonces se superponen en mi recuerdo, con el rumor del viento soplando entre las dunas. Cuarenta años ya, desde el Sáhara. Rediós. Eso es toda una vida. Me veo en el espejo, luego miro las viejas fotos, y apenas reconozco al muchacho flaco que sonríe con los brazos en los hombros de tantos amigos muertos.