‘La División Azul pagó un alto precio luchando en Rusia’
Es el historiador vivo especialista en
la Segunda Guerra Mundial de mayor reputación. No duda en reconocer que el
pragmatismo de Franco salvó a España de entrar en el conflicto.
Max Hastings es el
historiador de referencia en ensayos sobre la Segunda Guerra Mundial. Hasta ahora sus libros Armagedón, la derrota de Alemania y
Némesis: la derrota de Japón, eran dos referencias imprescindibles para los
estudiosos de ese periodo histórico. Acaba de publicar La Guerra Secreta:
espías, códigos y guerrillas 1939-1945, un libro fundamental para entender la
importancia de los servicios secretos durante la contienda.
Aprovechando su presencia en España,
Gaceta.es le ha realizado una entrevista en profundidad en la que habla del libro, del papel de España en la guerra, de la importancia de
Franco en la neutralidad española y nos adelanta el cambio de registro
en su próximo libro en el que estudiará la guerra de Vietnam.
¿Por qué una
investigación sobre los servicios secretos?
Siempre estoy intentando pensar en
aspectos de la II Guerra Mundial que no han sido del todo cubiertos. Hubo dos
cosas que atraparon mi imaginación: la primera es que hay demasiados libros
sobre la inteligencia que son historias románticas sobre los espías y lo que
hicieron, mientras que lo que importa es hasta qué punto cambiaron los eventos
en la batalla, hasta qué punto influenciaron la realidad. Y lo segundo es que
muchos libros se escriben desde una perspectiva muy nacionalista sobre espías
ingleses, americanos, alemanes… Yo siempre intento, en todos mis libros, poder
mirar la perspectiva global. Por ejemplo los británicos están muy orgullosos de
sus descodificadores, y tienen razón.
Es muy interesante que, por ejemplo, ya
en el 1943, las fuerzas navales alemanas estaban rompiendo muchos códigos,
descifrando muchos códigos, de manera que podían defenderse de los convoys, y
en los desiertos en el norte de África el Ejército alemán estaba interceptando
un montón de tráfico aéreo británico. En la segunda mitad de la guerra, los
americanos fueron mejores que los alemanes, pero en la primera mitad a los
alemanes les fue bastante bien. También he escrito mucho sobre los rusos,
porque la gente sabe menos al respecto y sus círculos de espías eran bastante
increíbles. Por ejemplo, gente como Richard Sorge en Tokio y la llamada
Orquesta Roja en Alemania, esto era gente increíble. Ellos promocionaban a los
rusos con una calidad de inteligencia mucho mayor de lo que recibieron nunca
los británicos y los americanos.
No es que en mi libro esté revelando
muchos secretos, pero sí me gusta transmitir que estoy intentando ver el mundo
de la inteligencia de una manera más fría, más objetiva y más racional de lo
que lo han hecho hasta ahora algunos de los románticos. Y lo otro que también
es bastante interesante es que en la II Guerra Mundial la inteligencia y los
descifradores eran secundario para las grandes confrontaciones de ejércitos.
Pero hoy, en el mundo en el que vivimos ahora y en medio de la amenaza
terrorista, de repente lo que era una guerra secreta parece ser la guerra
futura. Yo creo que el mundo va a ser así en el futuro, vamos por otro camino.
Ha hablado de la URSS,
de cómo tenían un servicio secreto bien organizado. ¿Qué papel jugaron los
partidos comunistas en los diferentes países para facilitar información a la Unión
Soviética?
Enorme, en el sentido de que Stalin
tenía una ventaja enorme: que en todo el mundo, incluyendo América, había
decenas o cientos de miles de personas que tenían una lealtad con el comunismo
que era mucho mayor que la lealtad que tenían para con su propia bandera. Para
mí es bastante increíble. Una de las cosas que aprendí escribiendo el libro,
que no había entendido, es cuántos americanos prominentes en posiciones claves
estaban informando a la Unión Soviética desde los años 30 en adelante. No había
entendido en absoluto la fuerza que tenía el comunismo en Estados Unidos en ese
momento. Así que les dio una tremenda ventaja, pero a mucha gente le gustaba
creer que los agentes soviéticos estaban informando al Komintern y no a
la Unión Soviética, pero por supuesto el Komintern era como un buzón de correos
para Moscú. Echando la vista atrás, sí que es increíble cuánta gente había
alrededor del mundo que estaba dispuesto a apoyar la causa comunista.
¿Ocurrió algo similar
durante la Guerra Civil en España con los agentes del Partido Comunista que ya
estaban a sueldo de Moscú?
El servicio secreto ruso a menudo decía
que España era su jardín de infancia, su criadero. La mayoría de la gente que
fue un factor clave en ese momento pasó tiempo en España en los años 30 y
aprendió mucho aquí. Y muchos de los rusos, desde luego, disfrutaron de su
tiempo aquí.
¿Qué documentación es
más difícil de localizar a la hora de hacer un estudio de esta materia? ¿La
clasificada en Estados Unidos o los antiguos archivos de la Unión Soviética
ahora en manos de Moscú y la actual administración rusa?
El problema con los archivos rusos es
que los rusos solamente liberan los documentos que asisten en cierto modo a la
visión que quieren que se haga la gente en ese momento. Entonces los documentos
que uno recibe son auténticos, sin duda, lo que pasa es que desconocemos qué
más se encuentra en los archivos que no nos permiten ver. El gran problema con
los británicos y los americanos es que hay tanto que te puedes pasar meses
trabajando en ello, pero sigue habiendo montones de cosas que no hemos visto. Y
no porque nadie lo haya visto nunca, sino porque es tal la cantidad que no da
tiempo a acabarlo. Y el motivo por el que la gente continuará escribiendo
libros sobre la II Guerra Mundial es que estos archivos son tan inmensos que
nunca llegas al final.
A mí me fascinó en particular, cuando
estaba escribiendo sobre la operación rusa en Monasterio, uno de los hechos más
increíbles de la Guerra en la época de Stalingrado, cuando Stalin autorizó
personalmente un agente doble para informar a los alemanes sobre una ofensiva
del Ejército Rojo para hacer que las fuerzas alemanas se desviaran de
Stalingrado. Lo que es fascinante es que, por un lado, había visto las
traducciones de las señales alemanas en Friburgo, pero cuando estaba trabajando
con las desencriptaciones en Londres, de repente te encontrabas que aquí
estaban todas las mismas señales que los británicos estaban interceptando y los
británicos leían esto, informaban a los rusos y decían: “tenéis una filtración
en vuestra seguridad del tamaño del Gran Cañón”. Y los rusos no hacen nada,
entonces los británicos asumen que este hombre tiene que ser un agente doble.
Pero luego, los británicos descubren que este agente ha informado a los
alemanes acerca de una ofensiva genuina alemana en la que ellos pierden unas
70.000 personas y ves el informe británico diciendo: “esto no puede ser”,
porque no podían creer que Stalin, deliberadamente, había filtrado esa
información. Es fascinante.
El problema con este tipo de cosas,
hasta cierto punto con todos los documentos históricos pero sobre todo con la
inteligencia, es que sabes que la mitad de lo que se dice en estos documentos y
en estas memorias es verdad, pero intentar descubrir qué mitad es la mitad
verdadera es un problema.
¿Cómo influye en el
trascurso de la Guerra el espionaje durante los años treinta?
No mucho, el error más grave de los
alemanes fue que Hitler no se tomó en serio la inteligencia económica. Tendría
que haber estudiado los potenciales económicos de la URSS y de EE UU antes de
entrar en guerra. Pero a Hitler no le interesaba nada de esto. En los años
treinta todos los servicios de inteligencia de los países era muy pobre. Los
americanos no tenían un servicio secreto como tal, los británicos eran débiles,
igual que los franceses. Lo que es extraordinario es lo poco que sabían. A
Hitler no le interesaba nada ninguna información que pudiera hacerle cambiar de
información.
Pero la locura más grande es que los
británicos entraron en la guerra en 1939 apoyando a Polonia aunque sabían que
no había nada militarmente eficaz para salvar a Polonia. Lo que hicieron fue un
gesto. Es extraordinaria la frecuencia con la que se hacían gestos
tremendamente temerarios sin mirar las consecuencias com que Japón entrara en
guerra con EEUU sabiendo que tenía la capacidad de generar 25 veces más acero
que Japón.
¿La principal
diferencia entre los servicios de espionaje de la Primera y la Segunda Guerra
Mundial fue su profesionalización?
Era más difícil. En la Primera Guerra
Mundial los británicos lo hicieron muy bien frente a la Fuerza Naval alemana.
Descodificaron muchas de sus señales. Pero en la tierra la dificultad era
mayor. Es difícil imaginarse que podrían haber aprendido en tierra los
franceses y los ingleses para cambiar el curso de la guerra. Lo más importante
de la Inteligencia es saber que por muy bien que se te dé, debes seguir
luchando en la guerra. Las condiciones en el frente del Este en la Primera
Guerra Mundial eran tan duras que es difícil imaginar qué podría haber cambiado
la Inteligencia. En la Segunda Guerra Mundial la Inteligencia empezó a ayudar a
los británicos en la segunda mitad de la guerra, cuando eran militarmente más
fuertes, durante la primera mitad tenían información de dónde iban a atacar los
alemanes pero eran demasiado débiles militarmente y aunque sabían exactamente
dónde les iban a golpear. Sabían dónde atacarían los alemanes en Creta, sabían
dónde golpearían los japoneses en Asia, pero tenían ejércitos débiles y malos
generales.
Ellos vencieron a los U-Boat, a los
submarinos, en parte porque tenían buena inteligencia y sabían a donde irían
los submarinos. Tenían más buques, más fuerza aérea y más tecnología. Hay que
recordar que más allá de la Inteligencia necesitas fuerza militar real para
poder llevar las operaciones a cabo. Todos decimos, se ha convertido en un
cliché de la Segunda Guerra Mundial, que los aliados hicieron un buen engaño,
muy brillante antes del Día D. Lo cual es cierto. Pero los engaños solo
funcionaron porque a esa altura de la guerra los aliados eran tan fuertes que
tenían tal superioridad naval y aérea que podían planear operaciones y
aterrizajes donde fuera. Mientras que no podrían haber llevado a la práctica
ese engaño porque los británicos no tenían un ejército para llevar a cabo un
ataque de tal envergadura. La Inteligencia es solamente útil si puedes respaldarla
con tu potencia militar.
En la Segunda Guerra
Mundial intervinieron muchas unidades de voluntarios en ambos bandos. En lo que
afecta a España ¿la División Azul tenía sus propios servicios secretos?
No, al contrario, eran dependientes. La
División Azul, como bien se sabe, sufrió mucho en Rusia y pagó un alto precio
por su gesto en apoyo de Alemania luchando contra el comunismo. Una de las
cosas que intento explicar en mis libros es que las lealtades en el mundo en
esos momentos eran muy confusas. Muchos países estaban muy divididos. Por
ejemplo, en Francia todavía hoy, y desde 1945, el general De Gaulle y sus
sucesores llevan intentando argumentar que la Resistencia era el alma de
Francia. Muchos historiadores a los que respeto, y es mi opinión también,
explican que la Resistencia no representó el espíritu francés. Era el apoyo al
general Petain el que lo representaba.
Esta era la mayoría de los franceses. A
muchos de los ingleses les caían peor los franceses que los propios alemanes.
En todos los países había grandes divisiones. Hay un punto esencial para
entender este periodo: toda la gene que luchó en la Segunda Guerra Mundial
habían nacido antes de la Revolución Soviética y ellos o su familia tenían
propiedades, incluida Gran Bretaña, y toda esa gente tenía mucho más miedo a
los comunistas que a los fascistas. Hay que entender eso para comprender los
movimientos sociales durante la guerra y cómo se comportaba la gente.
Echando la vista atrás, en Gran Bretaña
las divisiones sociales eran muy duras, no tanto como en España, pero sí muy
duras. Y todas las clases propietarias en los años 30 y muchos de ellos
apoyaban a Franco fuertemente, odiaban y temían al comunismo. Hay que
comprender estas fuerzas si queremos entender este periodo.
Y por supuesto el antisemitismo. Una de
las cosas que la gente hoy tiende a olvidar. Los franceses eran quizás los
peores. Era una fuerza muy potente en Francia, pero también en Gran Bretaña. No
quiero decir que quisieran mandar a los judíos a las cámaras de gas, pero no
les gustaban los judíos. A la gente se le olvida que toda la literatura de
espías escrita en Inglaterra entre las guerras los villanos siempre eran
comunistas y normalmente, judíos comunistas. Explícitamente judíos.
La participación de
España en la Segunda Guerra Mundial fue muy complicada, ¿cómo se puede explicar
su educación?
Franco fue muy pragmático, como bien se
sabe. Franco se negó a unirse a Hitler, pero no por principios, sino porque
Hitler se negó a pagar el precio que pedía Franco. En 1940 Franco pidió muchas
contraprestaciones a Alemania para sumarse a la guerra. Entre otras cosas
quería una parte grande del Imperio Francés en África, pero en ese momento
Hitler esperaba que Petain y su Francia se convirtiese en un aliado activo de
Alemania. Así que no estaba preparado para darle eso a Franco. Pero Franco
hubiese entrado en la Guerra en 1940 si Hitler hubiera pagado el precio. Pero a
medida que avanzaba la guerra Franco mostró su pragmatismo. La gente que le
rodeaba era muy pro-nazi, pero Franco tuvo una visión muy inteligente. Además,
le avisaron de que si España entraba en la guerra, las fuerzas navales inglesas
estrangularían a España.
La visión de Franco siempre fue
pragmática. Por eso sirvió muy bien a los intereses de España en aquel momento.
Volviendo a la parte
romántica de los espías. Suelen llamar la atención los dobles espías que han
generado mucha literatura –aunque poco ensayo histórico-. Quizá Philby sea el
caso más llamativo ¿fueron muy frecuentes personajes de este tipo?
Me fascina la vida de estas personas.
Sobre todo porque yo jamás podría haber sido un espía. No tengo el talento para
vivir una mentira, además habría vivido siempre atemorizado por recibir un
disparo. Una de las cosas que me resulta fascinante es cuántos de esos personajes
disfrutaban de lo que hacían. Recibían una carga emocional tremenda.
Otra cosa que he notado con la gente
que trabaja en Inteligencia a día de hoy es que tienes que ser un determinado
tipo de persona. Te tiene que gustar saber cosas que el resto de la gente no
sabe. Es una vanidad de un tipo peculiar. Te tiene que gustar ese secretismo
por sí mismo. Casi todo aquel que trabaja en inteligencia se obsesiona por el
secretismo y tiene la capacidad de pensar si es racional mantener o no el
secreto.
Lo que es fascinante de gente como
Philby es que esta gente era disfuncional, emocionalmente hablando. Recibían un
“subidón” haciendo parecer estúpidos a los que le rodeaban. Uno de mis
personajes favoritos es el espía ruso Anatoli Gubrick. Un joven que había
llevado una vida de perros en Rusia, en su infancia y, de repente, cuando todo
el país se estaba muriendo de hambre la NKVD le paga para que viva en Bruselas
para vivir como un Play Boy uruguayo. Se encuentra con una casa lujosa y con
una amante y puede hacer cenas y fiestas. Estaba viviendo la vida de un hombre
de negocios burgués. Cuando escribió sus memorias, que están escritas solamente
en francés, cuenta como mientras pasaba quince años de cárcel en cárcel, echaba
la vista atrás con una emoción tremenda y daba por bueno todo por haber vivido
aquella época en Bruselas.
No podías hacer ese trabajo si no
sentías esa excitación.
¿Qué personaje
desconocido hasta ahora ha encontrado que debería estar en los libros de
Historia?
Me fascinó un agente británico llamado
Ronald Seltz que entró en Estonia en paracaídas en 1942. La siguiente vez que
se le encuentra es en París, en 1944, con un uniforme de la Luftwaffe. Su
entrenamiento en Gran Bretaña era de paracaidista. Yo nunca había oído hablar
de él hasta que me salió citado. Pedí en los archivos que me preparasen su
dosier, que me encontrasen algo sobre Seltz. Cuando volví tenía más de mil
páginas de material. Desde su reclutamiento, hasta sus misiones durante la
guerra pasando por su adiestramiento. Pero había muchos documentos en los que
se intentaba descifrar para qué bando trabajaba realmente. Al final de la
Guerra los mejores interrogadores británicos le interrogaron durante semanas. Y
no fueron capaces de descifrar para quién trabajaba.
La verdad sobre él, y a mi me daba
lástima, es que había sido un maestro en Gran Bretaña, que era un romántico.
Estaba haciendo un trabajo muy aburrido en una estación de la RAF (Fuerza Aérea
Británica) en 1941 y de repente pudo ver su vida en términos heroicos. Él pensó
que podría ir y ser el gran agente en Estonia. Se presentó como voluntario
pensando que podría hacerlo porque conocía a los estonios desde antes de la
guerra. Cuando salta en paracaídas se encuentra totalmente solo y ve que nadie
quiere tener nada que ver con él porque los alemanes están ganando. Los
alemanes le capturan y él estaba preparado para hacer lo que fuera para
mantenerse con vida.
Me dio lástima y sentí una gran
simpatía hacia esta persona. Me daba pena porque había un abismo entre esa idea
romántica suya y la realidad y siento que si yo me hubiera encontrado en una
situación parecida a la suya, probablemente habría hecho algo parecido. Tiene
que sentirse muy solitario una agente británico en un país a merced del bando contrario.
Me fascinó.
No puedes leer a cerca de Brestly Park
sin que te fascine esa gente. Cuando yo crecí pensando que los héroes eran los
pilotos de guerra y los soldados rasos en el campo de batalle y luego ves a
estos hombres jóvenes que llevaban ropa de civil que veían como la gente que
les rodeaba, incluso las mujeres, pensaban que estaban inventándose excusas
para no combatir, para no ir a luchar a la guerra. Se pasaban día y noche,
todos los días del año trabajando en oficinas con tanto frío que tenían que
trabajar con el abrigo puesto, la comida era terrible y nadie les daba
medallas. Aun así consiguieron hacer cosas asombrosas, estos logros matemáticos
de envergadura. Me doy cuenta ahora, no lo hice cuando era joven y naif y tenía
una visión romántica del mundo, lo increíbles que eran como personas.
¿Seguirá con la
Segunda Guerra Mundial o avanzará en el tiempo en su próxima obra?
Vietnam. Acabo de volver de Vietnam.
Siempre en mis libros intento pensar: “¿Qué puedo contar a la gente que no se
les haya contado ya?”. Realmente no puedo decir que no volveré a escribir otro
libro sobre la Guerra Mundial, pero no lo voy a hacer de momento. Escribí “La
Guerra Secreta” porque yo creía que faltaba mucho por decir sobre la
Inteligencia que no se había dicho. Pero no voy a escribir otro libro sobre la
Segunda Guerra Mundial a no ser que no encuentre algo sobre lo que no se haya
hablado ya.
Escribí un libro sobre 1914 en su día
porque pensaba que había cosas importantes que decir. La gente me escribía
preguntándome cuándo escribiría el libro sobre 1915, 1916,… Y no es así. Yo
pensaba que tenía algo importante que contar sobre 1914, pero no se me ocurre
nada fresco o nuevo que decir sobre 1915 o 1916. Siempre debe ser emocionante.
Con Vietnam uno se emociona mucho y se
mete en la historia. Aunque me estoy haciendo mayor pero pienso “Sí, esto es
increíble”.
