Heraldo de Aragón 1 Sábado 29 de noviembre de 2014
CULTURA &OCIO
Manuel Gómez de Valenzuela, en Zaragoza, donde se ha
instalado tras una carrera diplomática de más de cuatro décadas. JOSÉ MIGUEL
MARCO
PUBLICACIÓN
Investigación. La
Institu ción Fernando el Católico ha editado el trabajo del zaragozano Manuel
Gómez de Valenzuela, un volumen incluido dentro de su colección de Fuentes
Históricas Aragonesas.
El zaragozano Manuel Gómez de Valenzuela recoge en
un libro 240 documentos fechados entre los siglos XV al XVII sobre casos de
compraventa de personas de todas las edades.
ZARAGOZA. «En Zaragoza, y en todo el Reino de
Aragón, hubo esclavos, aunque menos que en el resto de España». Manuel Gómez
de Valenzuela (Zaragoza, 1944) ha buceado por los archivos y ha documentado,
al menos, 240 casos entre los siglos XV y XVII. Son 240 personas que vivieron
privadas de libertad, que se dedicaban, en su mayoría, al servicio doméstico,
y que eran consideradas «auténticos artículos de lujo».
Este libro, publicado por la
Ins titución Fernando el Católico, aborda un fenómeno que en Aragón no
había sido objeto de un estudio general. Gómez de Valenzuela decidió
investigar en profundidad este tema tras encontrar un documento que recogía la
venta de una esclava. Aquel papel despertó su curiosidad por conocer los
aspectos concretos sobre el tráfico de esclavos, que, según afirma, «no
constituyó un elemento fundamental en la economía aragonesa de la época».
Prueba de ello es que no se reguló su estatus mediante normas legales como
fueros u ordenaciones. «Aquí no existió una bolsa de esclavos, como sí ocurrió
en Barcelona o Valencia», continúa, pero hubo «numerosas transacciones
individuales de una persona a otra».
El autor de la publicación visitó el Archivo Histórico
de Protocolos de Zaragoza, los municipales de jaca y Zaragoza, el provincial
de Huesca, el Diocesano de Jaca y el de Casa Lucas de Panticosa. Una ardua
tarea para localizar aquellos escritos relacionados con la compraventa de
esclavos, los intentos de fuga o su liberación. «No se trata -menciona- de una
recopilación exhaustiva, sino de un muestrario de 243 documentos».
La mayoría de estas personas procedía de países
islámicos. «La primera sorpresa con la que me topé es que, lejos de lo que se
piensa, muchos de los esclavos, hasta finales del siglo XV, venían de la costa
del Mar Negro, de Bulgaria, Crimea o Rumanía», y eran enviados por los
mercaderes genoveses vía Valencia o Barcelona. Se encuentran también
habitantes del norte de África, que llegaban en las caravanas del Sáhara o a
través de negociantes portugueses.
«Objetos, no sujetos»
Manuel Gómez de Valenzuela, licenciado en Derecho y
en Filosofía y Letras, ejerció la carrera diplomática desde 1968
a 2012. Hasta su jubilación, fue embajador de España en Emiratos Árabes,
Mauritania, Siria, Kuwait, Alemania o Egipto, entre otros destinos. Ahora pasa
su tiempo libre en los archivos, buscando documentos relacionados con la
historia aragonesa. El fenómeno de la esclavitud le fue aportando nuevos e
interesantes datos: «Carecían por completo de derechos. Estaban reducidos al
rango de objetos de derechos, no de sujetos» y, por lo tanto, «sometidos a la
voluntad del amo».
Se concentraban, sobre todo, en las ciudades, al
servicio de nobles y artesanos acaudalados. «Muchos se dedicaban a las tareas
domésticas», aunque también había quien ayudaba a algún gremio. «Eran
carísimos. Un esclavo valía, aproximadamente, lo mismo que tres caballos o 105
ovejas en el siglo XV». Sus dueños se encargaban de su manutención y atuen-`
do y «tenían ese estatus de por vida, a no ser que el propietario decidiera
lo contrario» porque «se hubieran convertido al cristianismo o en
agradecimiento de los servicios prestados».
«Algunas familias llegaron a tener hasta 12» y «lo
más terrible es que también había niños». «El esclavo era una cosa, no una
persona, y es aterrador comprobar que compraban bebés de incluso cuatro
meses». «Generalmente vivían como criados, aunque a veces figura que tenían
cadenas o los marcaban al fuego», apunta. De hecho, el libro recoge una
referencia a este maltrato, con una venta fechada en diciembre de 1541.
Intentos de
fuga
«Las fugas eran muy frecuentes, a juzgar por las
cláusulas de evicción de los contratos y de los pregones conservados». En
este sentido, el autor del libro pone de manifiesto que su destino preferido
era Francia, «donde podían considerarse libres», a través de los valles de
Tena y Canfranc. Desde allí regresaban a Argelia o Marruecos. Era también la ruta
elegida por los fugitivos de Valencia o Cataluña, «que encontraban complicidades
entre los mudéjares del Maestrazgo y otras zonas aragonesas». Entre los casos
que incluye esta publicación está el de una esclava que se escapó acompañada
de un escudero que formaba parte de la casa de un notario.
«Cuando se fugaba un esclavo y su amo lo denunciaba,
se mandaba pregonar por toda la ciudad ofreciendo una elevada recompensa a
quien lo devolviera o die' ra datos para su captura». El anuncio incluía los rasgos
físicos más destacados del fugitivo.


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