25 dic 2007

SANTIAGO AMADO LORIGA VALENZUELA

PRESENTAClON
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LA Legión está indisolublemente unida a dos figuras históricas: su fundador, el General Millán Astray, y su lugarteniente y más tarde Jefe de tan heroicas Fuerzas, el General Franco.
Pero entre uno y otro Mando, La Legión tuvo un Jefe, también extraordinario, pero menos conocido en razón de que su heroica muerte en el campo de batalla hizo forzosamente breve la permanencia física (aunque eterna espiritualmente) entre sus legionarios. Este Jefe fue el Teniente Coronel de Infantería D. Rafael de Valenzuela y Urzáiz.
El Teniente General del Ejército, Excmo. Sr. D. Santiago Amado Lóriga, ha investigado con el mayor cariño la vida ejemplar y valerosa de tan brillante Jefe de La Legión y ha tenido la gentileza de autorizar la publicación en nuestra Revista de un extracto de su interesante trabajo, que es toda una lección de moral militar.
En nombre de ALIJARES, he de agradecer este gesto generoso a tan veterano Infante, cuyo nombre figura en nuestra Galería de Medallas Militares; y respondiendo disciplinadamente a los deseos de mi antiguo Coronel, me limito a condensar su intensa vida militar, en dos Mandos que han quedado profundamente grabados en su corazón:


Coronel Director de la Academia de Transformación de Infantería de Zaragoza.

General Director de la Academia General Militar.
Coronel Aramendi.

BIOGRAFÍA
* * *
Estamos en 1897. La R. O. De 27 de febrero anuncia la nueva convocatoria 327 plazas para la Academia de Infantería sin contar los que por derecho de hijos o hermanos muertos en campaña pudieran ingresar fuera de número. El joven aspirante D. Rafael de Valenzuela y Urzáiz, que no ha cumplido aún los 16 años, marcha a Toledo lleno de ilusiones. ¡Si consiguiese aprobar! Nunca en el resto de su vida heroica le latería el corazón como le late ahora. La ansiedad de ser Cadete, le abrasa la sangre.

Triunfa en sus exámenes. Él, modesta y piadosamente, cree que la Virgen le ayudó con generosidad. Sus profesores, que nunca desconfiaron de su éxito, entienden que el triunfo estaba descartado. Y dentro ya de la Academia le iban a comprender a gran bondad, ese número de Jefes y Oficiales llamados a modelar a toda prisa a estos centenares de soldados. El Coronel Ostenero, el Teniente Coronel Mayoral, el Comandante Villalba, los Capitanes García-Toledo, Gómez Salazar, Hilario González, Bardaxi, Araujo, Pérez Peñamaría, nombres todos que habían de ser familiares a muchas generaciones de Cadetes muy posteriores a los de aquellos tiempos. Porque así de larga y de constante era para muchos de aquellos su voluntaria permanencia en la Academia. Y para no olvidar ningún empleo, dos populares Tenientes. Montón el uno, inventor de aquella airosa teresiana que había de sustituir a la de tubo, y Micas el otro, tan veterano y de tanta solera en la Milicia que cuando alguno quería expresar en gráfica frase su seguridad de acabar felizmente la carrera, exclamaba con pecador orgullo: "Dentro de poco seré yo más Teniente que Micas", y al decirlo torcía hacia el lado izquierdo su gorrillo cuartelero, tomando un aire desafiante y presuntuoso.

No se limitaban en sus clases aquellos maestros a explicar únicamente sus propias disciplinas. En ciertas ocasiones les gustaba apartarse también de la rigidez de los programas y tratar de aclarar algunas ideas sobre nuestras campañas coloniales. No por eso se alejaban del cumplimiento de su deber. Al discípulo que está formando su espíritu en una Academia Militar hay que modelarle en todos los minutos y es ésta, sin duda, la labor primordial del profesor, enseñe lo que enseñe, pero que es a la vez maestro, educador. Escuchaban los chicos aquellas disertaciones con una atención impresionante.

Se comentaba a veces entre profesores y Cadetes, las carreras extraordinarias que estaban haciendo algunos Jefes y Oficiales de los que combatían en las Colonias. Se hablaba por delante de todos de aquel juvenil, Caballero de San Fernando, Miguel Primo de Rivera, que había llegado ahora a Teniente Coronel a los 27 años. A su lado se citaban a otros varios, López-Pozas, Burguete, Casademunt, los tres Laureados y ascendidos a Comandantes entre los 25 y 27, en una escala muy retrasada en las que los demás les excedían a veces en más de 20 años. Y como Capitanes, también rápidamente promovidos, se recordaba a Rodríguez del Barrio, a Serrano Orive, a Dabán y López-Ochoa, entre los 20 y 21 solamente, edades en las que le igualaban muchos que eran Cadetes todavía. Nombres todos los citados que habían de seguir destacados muchos años después, con la continuidad de su entusiasmo y su valor y que llegaron a escalar las cumbres más altas de la Milicia o a morir con gloria al frente de sus tropas.

Fuera inútil añadir que Valenzuela sentía más que ninguno la emoción de aquellos tiempos. Porque para él no engendraba solamente un sentimiento intuitivo sino algo profundo, reflexivo, que le obligaba a meditar con frecuencia. En aquellas largas horas de estudio reglamentario, sentado en su papelera, apoyados sus codos en el pupitre, encendida la vela mortecina, abiertos los libros sin que sus ojos los leyeran más que de cuando en cuando, volaba su pensamiento a otras esferas. Sin poderlo evitar su imaginación se deleitaba, se complacía, en pensar en el mañana y en adivinar el problema futuro que le esperaba.
Y volvía a estudiar los textos, a preparar solícitamente las lecciones señaladas para hacer en clase, si le preguntaban, el brillante papel que siempre hacía. Cada día su puesto en Promoción avanzaba más. Sus calificaciones en todo, en teóricas y en prácticas, eran realmente inmejorables. Y esto le animaba también.

Alegría grande debía sentir al verse ascendido a la cabeza de los suyos. Hacía el número 14 en la relación de los 345 aprobados. Además, en juventud, era el tercero. Tan sólo dos le aventajan en muy pocos días y un tercero en unos meses, pero los tres muy retrasados en puestos en relación con el suyo, Y además, y por derecho de antigüedad en la lista, iba destinado a Zaragoza, a un Batallón de Cazadores; al Batallón de Cazadores de Alba de Tormes número 8.
Subía ahora, saltando más que pisando, las escaleras de su Compañía. Hacía nerviosamente sus maletas y se acercaba jadeante a la taquilla de la estación para gritar por la ventanilla abierta: ¡Un 1º para Zaragoza!

* * *

Año 1898, 1° de Julio. Un joven y bien plantado Oficial, vestido con impecable uniforme de Cazadores, sable al cinto, guantes bien ceñidos, ros en mano, hace su presentación a las Autoridades de la Plaza. Todavía no ha cumplido los 17 años requeridos, pero le faltan tan pocos días para hacerlos, que olvidan todos los que le ven en su gran entusiasmo, aquellos que el Decreto le prohibía. Afablemente le reciben en su despacho el Capitán General y el Gobernador Militar.
Y ahora, cumplidos estos primeros deberes, a incorporarse a paso rápido y veloz a su destino: Batallón de Cazadores. En la puerta del viejo caserón de su cuartel el primer saludo que recibe es el del centinela. Lo contesta alzando rápido su mano a la visera de su teresiana y dejándola caer con energía. Pero bien hubiera querido, si fuera posible, dar otra respuesta. De buena gana le hubiera abrazado fuertemente, emocionadamente. Porque es el primer cazador que encuentra entre aquellos cientos entre los que va a convivir y a los que va a mandar por primera vez en su carrera. Infantes humildes, nacidos de sencillos labriegos en remotas aldeas, hijos acaso de obreros de robustos brazos y de manos callosas, pero soldados todos como aquel de Barbastro que con un solo grito salido del alma, decidió en un segundo su preferencia por el Arma a la que ya iba a servir toda la vida.
Presentación al Teniente Coronel, a los Comandantes, a muchos Capitanes, Apretones de manos otra vez.
Un día más y Valenzuela va a ser ahora reconocido en la Compañía a la que se le destinó, como Oficial de su plantilla. Oirán los soldaditos aquellos, la voz enérgica de su Capitán que les mandará en nombre de S. M. obedecer y respetar a su Teniente en cuanto mandase dentro y fuera del servicio. Con su permiso, ordenará el presentado un movimiento a la fuerza. Ya tendrá así recibido el nuevo caballero el espaldarazo indispensable. Falta sólo para concluir, pero ya sin carácter serio, una tradicional ceremonia. La entrega de la simbólica llave de madera adornada con cintas, que se concede siempre al Oficial más moderno en el Cuerpo. La recibirá ofreciendo a sus compañeros una copa de champaña. Poco tiempo la conservará, porque un mes más tarde se incorpora otro subalterno, Antonio Martínez Guardiola, al que tendrá que trasladarle el atributo.
El bisoño subalterno de Alba de Tormes, el custodio de la llave de madera del 8° de Cazadores, se ha incorporado ya a las diarias faenas de su cuartel. Tediosa labor dirán algunos de sus colegas perezosos. Todos los días lo mismo. Cansa y aburre la monotonía de esa vida. Pero Valenzuela, lleno de entusiasmo, no opinaría así. Ni ahora que la empieza ni después cuando los años, algo prolongados de servicio, le hagan repetirla muchas veces. Él, nunca sentirá fatiga. Cada día que pasa enciende en él un gran afán voluntarioso.

Al lado de sus soldados se siente feliz. Con ellos, entre ellos, es como comprende realmente la razón de ser Oficial. Noble oficio en el que lo más grande es esa labor educadora que manda aprovechar todos los minutos de la vida.
Vigilando sus comidas, observando su sueño si está de guardia, celando que cumplan bien quehaceres mecánicos, se encuentra tan satisfecho entre sus cazadores como cuando los manda en la instrucción táctica, en sus fuegos, en sus formaciones y desfiles. Pero hay un acto diario en el que toda su enorme, su gigante entusiasmo profesional, resaltará como ningún otro. Será en el que abreviadamente se llama la teórica, pero que con más propiedad debiera designarse como la instrucción moral y patriótica de los soldados.
En medio de ellos, en aquella sala grande de su Compañía, sentados todos menos él en sus bancos de tablas, Valenzuela los habla. ¡ Qué simpatía engendra su voz y qué emoción dejan en el alma sus palabras! Frases sencillas, ingenuas, pero dichas con tales acentos de verdad que quedan clavadas en la mente de aquellos muchachos que las oyen, que las guardan impresas en sus memorias, como si un cincel las hubiera grabado en un mármol. De vez en cuando, hace levantarse a uno de aquellos para que a su manera explique rudamente lo que acaba de contarle. Se turba con frecuencia el preguntado. No sabe qué decir. Pero la mano de su Oficial se ha puesto cariñosamente sobre su hombro y aquel gesto de bondad, de afecto, en nada reñido con la más pura disciplina, le conquista, le anima. Y trata de repetir todo lo oído. El amor a la Patria, el orgullo de haber nacido en España, la hermosura de esta tierra, de su cielo, de sus montañas, de sus ríos y de sus mares. La lealtad al Rey, que es niño todavía vestido de Cadete, pero que va a ser pronto él más alto Capitán de todo su Ejército. La obligación de defender, hasta la muerte si llega, este suelo sagrado que hemos recibido al nacer como regalo de Dios, que es de todos, de ricos y de pobres, de viejos y de jóvenes, de ancianos y de niños. De vosotros —les dirá— de vuestros padres, de vuestras novias si las tenéis. Y qué honor tan grande que os hayan dado esas armas, esas bayonetas, fusiles y cartuchos, para que seáis vosotros, si hace falta, los que mañana lo defendáis rabiosamente a tiros y al arma blanca.
Entre los diarios quehaceres cuarteleros, las obligaciones sociales a las que su brillante situación en Zaragoza le obligan con frecuencia, y la lectura de los libros de los que sigue siempre muy aficionado, transcurren para Valenzuela los primeros meses del último año de aquel siglo. Año de grandes intranquilidades, de profundos malestares, consecuencias naturales del desastre del 98.

La situación económica de España obliga a grandes sacrificios y es natural que éstos afecten en primer lugar a los contribuyentes. El nuevo gobierno que preside Silvela, en el que Polavieja ocupa la cartera de Guerra y Villaverde la de Hacienda, es recibido al principio con grandes esperanzas. Pero difícil y dura es la complicada tarea que les espera.
Mientras tanto, la guarnición de Zaragoza no descansa. Marchas, pequeñas maniobras, piquetes, honores, procesiones, y de rara en rara ve ejercicios con fuegos reales, aunque sean en modesta escala.
Su Batallón ha sido trasladado a Alcalá de Henares, es decir, a uno de los cantones de Madrid.
Las mudanzas del Batallón traen consigo, como ocurre siempre en estos casos, cambios de algunos Jefes y Oficiales. No dejará por eso Valenzuela de tener entre los actuales conocidos antiguos, y camaradas muy queridos de Toledo. Manda Barbastro el Teniente Coronel Monasterio y en su plantilla figuran, entre otros, el Comandante Aparicio, los hermanos Irigoyen, veterano Capitán el uno y Capellán el otro, los Tenientes Losada, Carroquino, Macapinlac, Mariano González, y un apellido que había de extender treinta y siete años después su fama por el mundo: Moscardó Ituarte. Algunos de ellos acababan de regresar de Cuba y cuentan episodios de guerra que si unas veces interesaba y agradaba oír a los noveles subalternos, otras les producían más bien asombro y pena.
La obsesión de estudiar, de ampliar su cultura general, de adquirir los más completos conocimientos militares, de ensanchar aquellas comprimidas enseñanzas de Toledo, será ahora su primordial preocupación. Pero no por eso decaerán en su nuevo cuartel, sus entusiasmos ante sus actuales cazadores. Seguirá hablándoles, aprovechando las más variadas ocasiones del servicio para dar con su palabra y con su ejemplo el mejor fundamento de su educación.
No hay ahora ya, Batallones de Cazadores en Zaragoza. Quedan solamente Regimientos de Infantería en aquella guarnición. Valenzuela ha solicitado uno de ellos y le destinan al de Galicia número 19. Contento y animoso vuelve dentro de él a la vida del diario servicio en el cuartel. Con su Regimiento marcha dos años después a Lérida con motivo de la agitación obrera en Cataluña, permaneciendo allá unos meses. Con él, también asiste a unas maniobras dentro de la Región. Una estancia fugaz en Málaga en el Regimiento de Borbón y vuelta otra vez a Zaragoza, ahora de Ayudante del Teniente General March que manda la Capitanía. Por primera vez que luego se repetirá con frecuencia, los cordones dorados de los Ayudantes de los Generales van a cruzar su pecho.
Dos acontecimientos señalados en este año 1903. S. M. el Rey ha jurado la Constitución y concede como recuerdo de este regio acontecimiento una medalla con su efigie, a todos los que han contribuido al esplendor de los actos celebrados.
Para Valenzuela es la primera condecoración que puede colgar del pecho de su guerrera. ¡Con qué gran orgullo y con qué firme lealtad a su Monarca, la llevará ya siempre! Y a continuación de esa alegría otra también muy suspirada. Una ley especial, la llamada de Linares por ser éste el Ministro que la presenta, concede el ascenso a primer Teniente a los segundos que llevan tres años efectivos en este último empleo. Las dos estrellas de oro de cinco puntas de su guerrera y de su teresiana, irán proclamando por todas partes su primer avance en su carrera. Y podrá presumir de llevar algo más de oro también en su uniforme. Los cordones de su ayudantía y el pasador de aquella medalla de la coronación, que su madre muy amorosamente le regaló con el de mayor lujo que ha encontrado. Porque como ella dice "a tal Rey, tal honor".
Si la parada de segundo Teniente ha sido larga, parece que ahora en cambio se acorta el plazo de seguir siendo subalterno. Su buen número en cabeza de su promoción le hace sentirse ya cercano del paso a Capitán. En abril de 1907 es declarado apto para ascender cuando por antigüedad le corresponda. Pero habrá de esperar todavía un par de años para que caiga la tercera estrella y se alinee sobre la bocamanga con las otras dos.

* * *
Primero de Julio de 1909. Sentado en su mesa de despacho por cuyas ventanas entra ardoroso el sol de Andalucía, un joven Capitán ayudante aguarda las visitas que ha de ir anunciando a su General. Hoy, es mañana tranquila y la habitación está casi desierta. Buena ocasión para leer con calma algún libro de los que nunca dejan de acompañarle en sus ocios. Pero antes no está de más echar una ojeada a la prensa. Comenta hoy sin gran relieve pero se nota cierta agitación en las cábilas limítrofes a Melilla. Pero nada que pueda preocupar. Nuestras columnas hacen frecuentes recorridos por la zona de soberanía sin observar movimientos sospechosos. Esto que dicen hoy seguirán repitiéndolo una semana entera. Pero ahora estamos ya a 9 de Julio. Lo que ocurre hoy es mucho más serio, 400 moros a pie y a caballo han atacado a un grupo de obreros que trabajaban en las minas. El General Marina ha acudido solícito en su socorro con una pequeña parte de sus tropas. Se entabló combate y tuvimos un Teniente muerto y dos heridos. Entre la tropa cuatro y veintidós, respectivamente.
El Capitán ha sentido una sacudida enérgica por todo su cuerpo vigoroso. La emoción de aquellos tiempos en los que se peleaba en las Colonias perdidas, vuelva a dominarle. Mucho más se exaltará todavía al leer el telegrama del Rey al General Marina:
"Con verdadero entusiasmo le felicito como a las fuerzas a sus órdenes por valor y conducta combate de ayer. Enorgulléceme primera acción librada en mi reinado. Han quedado plenamente confirmadas grandes esperanzas cifré siempre en Ejército y porvenir nuestra Patria. Lamento mucho bajas sufridas".
Ya se está movilizando la Brigada de Cazadores de Cataluña. Se han llamado a las reservas. Nuestros buques de guerra cañonean los poblados enemigos El Capitán no cesa de pensar en aquellos afortunados Oficiales que están en la Plaza africana o que van presurosos por el Mar, camino de reforzarla. Seguramente lograrán para su Hoja de Servicios esa calificación de valor acreditado por la que él suspiró siempre.
Con su General comenta las noticias. Y éste, afable y cariñoso siempre, calma las impaciencias de su Ayudante. No ocurrirá nada serio —le dice—. La fogosidad de los moros es como la pólvora. Se inflama pronto pero dura poco. Y se pone a continuación a contarle aquella campaña chica del 93. Los ataques a los fuertes de Cabrerizas y Camellos. Las muertes de los Generales Margallo y Ortega. El mando de Macías.
La llegada de Martínez Campos para ultimar la paz. En total, 44 muertos y 206 heridos. Poca cosa, para lo que al principio se temía.
Pero a pesar de sus optimismos sigue la Prensa publicando despachos acerca de Melilla, más alarmantes en cada número.
El 18 se combate rudamente en el pequeño reducto de Sidi-Ahmed débilmente guarnecido, defendido por escaso y bajo parapeto de piedras secas, sólo en parte rodeado de alambradas. 6.000 moros lo atacan y parte de ellos logran irrumpirlo, lanzándose sobre las piezas que lo defienden. Al pie de sus cañones y luchando heroicamente mueren los artilleros Comandante Royo y Capitán Guiloche, a quienes se concede la Laureada. Tgualmante entrega su vida en lucha gloriosa, el Teniente Coronel de Infantería Ceballos, que manda la posición. El 20 se reanudan las agresiones enemigas. La Brigada de Madrid ultima sus preparativos de salida. En persona el Rey visita sus cuarteles. El 21, fuerte combate en la 2.v caseta y en Sidi-Musa. Las bajas de Oficiales y de tropa aumentan ya en considerable número. A lo largo del Gurugú arden, en señal de guerra, las hogueras.
El 23 avanza la columna del Coronel Álvarez Cabrera y muere a su cabeza este Jefe arrojado y sereno. En ese día el Batallón de Figueras recién desembarcado sufre grandes pérdidas entre las que destaca la de su Teniente Coronel Ibáñez Marín, figura culminante del Arma, Jefe idolatrado de sus tropas y Oficiales.
Hace ya días que el Capitán Ayudante no resiste el sentarse en su mesa de despacho. Sus nervios saltan como las cuerdas de una guitarra al romperse. Le devora la ansiedad de llegar pronto a Melilla. Porque decididamente está resuelto a marchar cuanto antes. Se consideraría desgraciado para siempre si perdiera esta brillante ocasión para templar su espíritu en todos los azares de la guerra.
El pensamiento de no estar todavía en aquel Batallón de Barbastro al que sigue queriendo de corazón le hace maldecir su muerte. Se pasea agitado por la estrecha habitación que sirve de antesala. Siente la tentación, que le abrasa, de abrir la puerta que da entrada hacia donde está su General y decirle francamente que se quiere marchar. Y sin embargo comprende que va a ser difícil convencerle.
Se encuentra tan satisfecho al lado de aquel Capitán que llena tan perfectamente sus cometidos, que le costará mucho esfuerzo separarse de él. Pero al fin y al cabo es también persona comprensiva. Como además sigue optimista, espera que la ausencia va a ser muy breve y le promete esperarle sin pedir que nadie cubra su vacante. Ya sabe Vd. Valenzuela —le dice con paternal acento— en cuanto acredite su valor, vuelva corriendo. Yo le espero con ansia. Y como el Capitán le pidiera que llamase él mismo al Ministro para que lo mandasen más aprisa, le pregunta a qué Cuerpo quiere ir. El Oficial se cuadra, los tacones con espolines de sus botas de una pieza lanzan al tropezarse un metálico ruido. Su voz se afirma más enérgica, más rotunda que nunca y exclama resueltamente: Al Batallón de Cazadores que haya perdido más gente y esté ahora en el puesto de mayor peligro.
Madrid le complace y el Ministro anuncia en telegrama el destino. Al Batallón de Llerena que ha sufrido en el combate del 27 de Julio, el 30 por 100 de bajas.

* * *
Presentación urgente, corriendo casi, al nuevo Batallón. Y a empezar la vida suspirada de campaña. A los cinco días, silban las primeras balas. El Batallón ha salido a proteger la construcción de un blocao y la Compañía de Valenzuela ha desplegado. Pero el tiroteo es ligero y no se siente por ello bastante satisfecho todavía el animoso Capitán. Ni lo estará tampoco en todos aquellos servicios, muy frecuentes, de escolta a convoyes, a los que no faltan pequeñas agresiones eventuales. Con pena de su Teniente Coronel Artiñano que lo había tomado especial afecto, lo trasladan a otro Batallón, al de Talavera número 18. Y otra vez en esta nueva Unidad entregado a parecidos servicios de campaña: destacamentos, trabajos de fortificación, reconocimientos, marchas por aquellas tierras de secano. Suspira por una operación guerrera en que intervengan las tres Armas y en la que pueda acreditar valor. Por fin llega el 30 de septiembre. Fuerte, duro combate en este día. Muchas bajas, muy sensibles todas ellas pero una sobre todas de especial resonancia. Ha muerto el General Díaz Vicario, Jefe de brillante carrera y merecida fama, muy bien ganada, en las recientes campañas coloniales. Otra gran figura militar que se lleva la guerra.
Valenzuela, que ha estado incansable en toda la jornada, ve por fin realizados sus sueños. Una cruz pensionada y roja del Mérito Militar premiará su bravura. Pero para él, para su vocación y su entusiasmo, habrá todavía una recompensa superior. Poco después, en la oficina del Batallón, un hábil mecanógrafo, porque ahora ya van desapareciendo los pendolistas, tecleará sobre la máquina con la agilidad de un gran pianista y dejará escrito sobre una línea que dice "Valor" este concepto suspirado: Lo acreditó.
El 2 de octubre de 1910, festividad del Santo Ángel de la Guarda. La sociedad aristocrática de la capital de Aragón, vestida con sus mejores galas, se encamina hacia una casa-palacio en la calle de Goicoechea. Va a celebrarse en ella una boda que ha de constituir el más selecto acontecimiento de todo el año, Una preciosa muchacha de rancio abolengo donostiarra se casa con un apuesto caballero novicio de Santiago. La novia se llama María Manuela Alcíbar-Jáuregui y Latorre. El Caballero es Rafael Valenzuela y Urzáiz.
Las hojas del calendario van cayendo en un suceder vertiginoso. Empieza el año nuevo que no es más que el undécimo del siglo. Hay calma completa en Marruecos. Se acerca el verano, que promete ser hermoso.
De pronto, insospechadamente, otra vez muchos tiros en Marruecos. Se acabó la paz y la lenta penetración pacífica. Empiezan las agresiones a Melilla que cada día toman más graves caracteres. Menudean las bajas. Una nueva campaña se inicia, que va tomando vuelo alarmante.
Paso del río Kert. Primo de Rivera, recién incorporado de Coronel al Regimiento de San Fernando, lleva a la lucha su proverbial bravura y es gravemente herido. El artillero General Ordóñez, sobresaliente prestigio de su Cuerpo y en todo el Ejército, acredita muriendo su temeridad. Acaba el año con fuertes operaciones que presagian peleas más duras todavía.
Su cercanía del Ministerio y sus amigos en la Casa, le permiten ahora gestionar directamente su traslado.
Abril de 1912. Ya está pisando de nuevo el Capitán de Cazadores, la tierra ardiente de Marruecos. Bajo la lona de una tienda de campaña, levantada en aquel alegre campamento de Yadumen, sueña otra vez en ataques, en avances, en victorias.
Acaba de incorporarse al Batallón de Talavera, al mismo con el que operó en su anterior etapa combativa. Conoce ahí a muchos y muchos le conocen también a él. Le encanta aquel amplio alojamiento que concentra a los seis Batallones de la Brigada. A su Caballería, a su Artillería, a sus Ingenieros, y a todos sus servicios. Por los sectores de las otras Unidades vecinas a su Batallón, va buscando amigos y recibiendo abrazos. Los noveles Oficiales que no le conocen, preguntan con admiración quién es aquel Capitán con la Cruz roja de Santiago en su guerrera, que habla con tanta propiedad y que refleja una alegría tan grande, tan contagiosa, tan vehemente. Explica él ahora a todos los que le escuchan, su sorpresa al llegar. El campamento está al garete, como dicen en argot militar. Ningún parapeto, ninguna alambrada lo rodea. Solamente las guardias avanzadas vigilan a pecho descubierto el sueño de los que descansan. Esto en Marruecos ha sido hasta ahora cosa insólita. La confianza en sí mismos que demuestran estos cazadores, su desprecio al peligro, seguros de vencerlo, refleja perfectamente la cota de su moral.
También para muchos subalternos de los que embelesados le atendían, es una novedad el espíritu de este extraño Capitán tan enamorado de su oficio, tan lanzado a ejercerlo con devoción, que habla con elocuencia y da, a su gesto sencillo y natural, un aire de cautivadora simpatía. Suerte tiene Talavera, pensarán, en tenerlo entre sus filas. Así debiéramos ser todos los demás.
Unos pocos días de normales servicios de campaña, seguidos de un período de gran actividad. Se combate fuertemente el 11, el 13 y el 15 de mayo. El primer empuje se dirige contra el poblado de Taurit-Hamet, causante del gran percance del 22 de marzo.
Previamente cañoneado con intensidad, una Compañía de Chiclana recibe el honor de ser ella la que lo asalte a la bayoneta. En un brioso empuje, el caserío es ocupado. Los otros Batallones operan con fortuna por los flancos. Prosigue el avance el 13 con notables ganancias de terreno. Y el gran éxito final llega con el 15. La harka enemiga que defendía fuertemente los accesos de Kaddur, es batida totalmente y a su cabeza muere el Mizian, el más valiente y temido cabecilla de aquellas tropas. Por primera vez entra en fuego en este día los Regulares recién creados, y es a ellos a los que corresponde en justicia la parte principal de esta fortuna. Pero también Talavera que va ahora en cabeza de la columna, tiene brillante ocasión de distinguirse. Valenzuela está contento de su bizarra participación en todas las jornadas, y lo proclama por todas partes con la alegría de sus ojos y la verbosidad de su palabra. Nunca dudó que estos cazadores eran invencibles.
Con estas operaciones termina prácticamente la llamada campaña del Kert.
En el Diario Oficial aparece una larga lista de recompensados. En ella están favorecidos con ascensos nombres de prestigio que siguen y seguirán avanzando a paso rápido por el Escalafón. García Moreno, Cavanna y Muñoz, Jefe de Talavera, a Coroneles; Saro, a Teniente Coronel; Fernando Primo de Rivera, a Comandante; lo mismo que Gregorio Benito; ya Capitán, entre otros, un desconocido Teniente de Regulares herido gravemente en aquellos días y cuyo apellido había de dar nombre, 25 años después, a calles y plazas de todas las ciudades de España. Emilio Mola Vidal.
Valenzuela viene modestamente premiado con otra Cruz roja del Mérito Militar. Ha llegado tarde a este período de actividades y tendrá que conformarse con su suerte. Tiempo le quedará para mejorarlas.
Y en vista de la tranquilidad de la zona y del período de pacificación que se inicia, decide regresar a Zaragoza, el 22 de septiembre, para juntarse a los suyos y para besar a su hijo que ha nacido en estos días y al que por lo mismo no conoce todavía.

* * *
En situación de excedente en la 5." Región, o sea en Zaragoza, vino el año 1911. Esto dice secamente su Hoja de Servicios, que añade que en igual pasividad transcurrieron los cinco primeros meses del siguiente. Breve temporada, sin embargo, de dedicarse a los suyos, porque el 14 de Junio aparece destinado nuevamente a Marruecos. Esta vez no ha tenido que pedir permisos, ni trabajar por su cuenta su traslado. Se lo han dado todo hecho. El General Primo de Rivera manda la Brigada de Cazadores de Madrid y está con ella en operaciones. El centro de gravedad de la guerra ha saltado de Melilla a la zona Ceuta-Tetuán, en la que las agresiones, los combates y las emboscadas son frecuentes y sangrientas.
El General de quien hablamos tiene al lado de otras brillantes dotes, una que no es frecuente en los mandos a pesar de parecer la más elemental. Saber elegir su gente, saber conocerla. De una simple mirada, de una rápida inspección adivina lo que cada uno vale y para lo que cada uno sirve. Claro que opinamos así desde un punto de vista meramente castrense, sin otros pensamientos apartados de sus funciones marciales. En Madrid conoció a Valenzuela y supo desde el primer momento calificarlo como excelente en todo. En inteligencia, en voluntad decidida de trabajo, en lealtad en entusiasmo fervoroso por su carrera. Apercibió también ese amor desde niño al Batallón de Barbastro que un día decidió su vocación. Y en el afán de tenerle a su lado y de complacer sus deseos lo reclamó a sus órdenes y le mandó a esa Unidad de su predilección.
¡Qué enorme alegría la del Capitán al conocer esta sorpresa! Con toda la urgencia de otras veces se presenta el 20 de Junio en Tetuán y en esa misma Plaza se incorpora al Batallón. El 22 y el 24 combate ya con él en las inmediaciones de Laucién. La operación de esta última fecha fue de gran importancia. El enemigo estaba concentrado en la meseta de Ben-Karrich, con intención de atacar Tetuán.
Bajo el mando de Primo de Rivera se organizan tres columnas que mandan los Coroneles Moreira, García Moreno y Berenguer. Barbastro con cazadores de Madrid, forma parte de la segunda. Al principio la lucha se desarrolla normalmente, pero al replegarse las fuerzas y atravesar un barranco cubierto de matorrales, se entabla dentro de él un combate difícil en el que casi se pelea a ciegas. Las bajas que sufrimos fueron 3 Oficiales y 39 de tropa, muertos; 1 Jefe, el Coronel Moreira, 6 Oficiales y 65 de tropa, heridos. Entre estos últimos figura el Capitán Valenzuela, que se destacó por su bravura.
Los meses de Agosto y de Septiembre sigue operando una vez restablecido, señalándose, como siempre, su valor personal y su capacidad para el mando. Una R. O. de fecha 7 de Octubre le asciende a Comandante con la antigüedad de aquel 24 de Junio, día en que resultó herido.
Con este ascenso ya está decidida su brillante carrera. Por fin llegó la suerte tan ambicionada. Tiene ahora 31 años. Adelanta lo menos 12 años su ascenso, si tuviera que esperar a recibirlo en turno normal.
¡Cómo le ayuda su suerte ahora! Y eso que no conoce todavía la segunda parte. Porque no va a ir solamente a un Batallón cualquiera. Va a ser nada menos que Comandante de Armas del. Batallón de Cazadores de Barbastro...
En un campamento de Tetuán está Barbastro y a él se incorpora su nuevo Comandante, en un salto. Lo mandó Calero, un Teniente Coronel muy querido de sus antiguos Cadetes de Toledo, en donde ejerció con acierto y con bondad manifiesta, varios años, el profesorado. Los Capitanes antes más antiguos que Valenzuela y ahora sus subordinados —Moscardó entre ellos, que no tardaría en ascender por méritos de guerra— le reciben con respeto y con alegría. Porque todos le quieren y todos reconocen cómo ha merecido su bien ganado avance.
Volverá a luchar en las inmediaciones de Tetuán, se trasladará a Laucién, combatirá en Malalién, ayudará con sus tropas a reforzar con avanzadillas el reducto Izarduy y alternando estas operaciones con otros servicios de campaña, llegará hasta el mes de Junio del 14. Mientras tanto, ascendido Primo de Rivera, abandonará a sus Cazadores, llevándose consigo gran parte de aquel alto espíritu que su sola presencia infundía. La etapa de pelea activa había concluido. Valenzuela que ha venido siempre a Marruecos para combatir, no se habitúa al tedio de los campamentos en la paz.
El 20 de Junio le destinan a su petición a situación de excedente en la 5° Región. Vuelve, pues, a Zaragoza con sus anchas estrellas en la bocamanga y con otra roja sobre el pecho que ha ganado en estas últimas acciones. Pero no es ahora una cruz sencilla como antes, sino una placa gruesa, grande, como corresponde a los Jefes.
Si en pocas palabras quisiéramos resumir la actividad profesional de Valenzuela, entre 1915 y Septiembre del 21, tendríamos que decir, brevemente, que estuvo dedicado todo ese tiempo a la vida normal de una guarnición, sin novedades extraordinarias.
Pero esa documentación oficial no refleja más que con cierta frialdad la personalidad de quien la motiva. Es verdad que figuran en ella un conjunto de calificaciones algo arcaicas, que hablan de variadas aptitudes militares y que ordinariamente se juzgan con benévola complacencia. Mucho tenía en todo Valenzuela, que es nota máxima y que en este caso estaba plenamente justificada. Pero nada expresaba como en esos seis años que comentamos, ante sus Jefes y sus Oficiales derrochó entusiasmo, afanes cumplidos de constante trabajo, amor propio firme y brillante para salir triunfante de todas las misiones, alegría en cumplirlas, ambición en merecerlas. Es decir, todo lo que pudiera resumirse en una frase tomada de las Ordenanzas: No se contenta con hacer lo preciso de su deber, sin que su propia voluntad adelantase cosa alguna.
Ahora había que consagrarse a la teoría. Leer mucho, reflexionar con frecuencia, grabar ideas fijas e inmutables en la frente, quemarse las cejas como se dice vulgarmente, en el sentido de los libros. Y aprender idiomas para poder leerlas sin esperar a que otros los traduzcan.
Precisamente el año 14, había estallado la llamada Gran Guerra. Los mejores Ejércitos de Europa se habían enfrentado en una descomunal pelea que duró cuatro años largos. La misma América del Norte acabó por unir sus fuerzas a las de los aliados para decidir con su masa humana y sus enormes recursos el final de la refriega.
Valenzuela seguía con creciente emoción las incidencias de la lucha. Su afán de conocerlas lo mejor posible le impulsaba a dominar idiomas extranjeros, en particular a conocer bien el alemán, el inglés y el italiano, ya que el francés lo poseía con toda perfección desde muy joven. Tarea dura y fatigosa a la que se entregó como siempre con toda su férrea voluntad. Le ayudó en cierto modo, por lo que se refiere al alemán, la amistad que trabó con Jefes de esta nación refugiados en España, después de evacuar el Camerum y trasladados a Zaragoza, en donde permanecieron largo tiempo.
Cuando se vio ya en aptitud de traducir o poder leer con facilidad textos, revistas o prensa de aquellas naciones, buscó con ilusión lo que se publicase sobre enseñanzas de la guerra y poco a poco logró hacer una pequeña biblioteca, llena de obras selectas que acotaba con anotaciones de su propia mano. A las nuestras han llegado por casualidad algunas de ellas, pocas en verdad, pero queremos comentar el rastro que en ellas dejó la atenta y profunda atención de quien afanosamente las iba muy despacio analizando.
Recién incorporado al Batallón de Extremadura y es ocasión de ir ya contando sus guerreras aventuras en esta nueva fase de su vida. El 19 de Septiembre, toma el mando de aquella Unidad en la posición del Zoco el Had de Benisicar, en donde está destacada prestando servicio de campaña. El 4 de octubre se traslada al campamento de Alfonso XIII en Melilla. De allí pasa a Nador y constituyendo parte de la columna de Sanjurjo, interviene activamente en todas sus operaciones, recorriendo con ella diversos campamentos y vivaques. El 14 de Octubre y siempre con ese mando, reconquista en vanguardia de la referida columna la alcazaba de Zeluán. El 24, entra en Monte Arruit, el 7 de Noviembre opera en la meseta de Iguermen, el 14 en Ya-zanen y Tifasor y el 21 en Ras-Medus. El 24, y por incorporación de su Jefe de plantilla, cesa en el mando accidental del Batallón y queda agregado al Cuartel General de la Comandancia. Con este alto mando, asiste a las reconquistas de Tamied-Hand, del Harcha, del Zaie, Tauriat-Zag, Tauriat-Buchit y Tikermin. Por el conjunto de todas esas operaciones es citado como distinguido en la Orden General de la Alta Comisaría del mes de Junio de 1922, resaltando especialmente su brillante actuación en los combates de Ras-Medua, de Taxuda y de Dar-Drius, al éxito de los cuales contribuyó muy eficazmente al mando de sus fuerzas.
En febrero de 1922 es destinado al Regimiento de Ordenes Militares de guarnición en Estella (Navarra)
Nuestro Teniente Coronel no iba cautivando sólo a todos sus Oficiales ni entusiasmando únicamente con su ejemplo a sus soldados, por cierto catalanes en su mayoría. Entre los civiles tenía un amplio círculo de amigos que le querían y admiraban. En pocos meses, en días casi pudiera decirse, se había atraído a gran parte de la ciudad.
Empezaron a llegar cartas concretas y animosas. Se creaba en efecto un Grupo de Regulares, pero con insistencia se le citaba a él como el Jefe futuro. En Melilla le esperaban ya muchos amigos ansiosos de recibirle en sus brazos.
Todavía unos días de ansiedad y por fin la confirmación oficial. Se crea el Grupo de Regulares de Alhucemas número 5. Se designan para mandarlo al Teniente Coronel D. Rafael Valenzuela y Urzáiz. Es el 2 de Septiembre de 1922.
El 22, ya está en Melilla, tomando el mando de ese Grupo que todavía vive sólo en el papel. La gente hay que buscarla, reclutarla, instruirla, armarla, Todo está por hacer. La labor no es sencilla y antes bien, cada día que pasa, parece más difícil. Su voluntad de trabajo y su ilusión de tener pronto preparada la Unidad, para todo lo que ocurra, hace el milagro de ir venciendo los obstáculos. A medida que se van constituyendo Compañías, las manda al campamento de Drius para acercadas así al frente. Un mes después ha logrado reunir allá tres de ellas y con eso ha formado ya su primer Tabor. Poco es todavía, pero ya es algo.
El 24 de Octubre, se comenta sobre una operación que se planea. En ese mismo día marcha él a Drius y se pone al frente de su Tabor. Si no hubiera tenido armada más que una Sección, con ella hubiera ido a donde fuera. El caso es combatir pronto, que se nombre a su Grupo, que se escriba rápidamente la primera línea de su historial de guerra. El 25, duerme con sus fuerzas de las casas de Abbada. El 26, y en vanguardia de su columna, ataca y conquista con su poca gente el Monte Tayudalf apresando en él un cañón de 9 cm. con el que el enemigo hostilizaba frecuentemente nuestras posiciones. ¡Buen estreno para el Grupo! El Coronel Morato, que manda la columna, le felicita con efusión. El General Burguete, Alto Comisario, repite, pocos días después, sus plácemes calurosos. El éxito logrado eleva la moral de las fuerzas novatas.
Ahora otra vez en la Plaza a seguir llamando gente y seleccionando la que sirva. Pero cada día más contento, más ilusionado con aquellos Regulares suyos, a los que ya quiere tanto y con los que aspira a formar un núcleo que sea digno de la fama de los otros Grupos. De aquellos de Melilla, de Tetuán, de Ceuta, de Larache, condecorados todos con la Medalla Militar y dueños de un historial brillante.

Seguía en estas fatigas de organización cuando, por sorpresa y sin pedirlo, se le concede el puesto de más honor en Marruecos: el mando del Tercio de extranjeros, vacante por retiro voluntario de Millán Astray. Es el momento culminante de su magnífica carrera.
La idea de combatir al frente y al lado de los legionarios, cuyo espíritu formó Millán Astray con tan soberana maestría, y a los que Franco ha llevado de victoria en victoria, con una asombrosa visión táctica, le llena de tanto orgullo como de penosa preocupación. Su elegante modestia, su sencillez, su hidalguía, le hacen figurarse a veces demasiado favorecido por la fortuna al no merecer cargo tan saliente. Al incorporarse a su destino, su primer acto es telegrafiar a Franco, Comandante todavía al frente de la primera Bandera, para expresarle el orgullo de tenerle a sus órdenes. Desde su incorporación, el primero de Diciembre de 1922, no cesa de recorrer todas sus Unidades, acercándose siempre a las que estuvieran en más peligro con el afán que le impulsa de tomar parte con ellas en cualquier combate que tuvieran. Pero hay otro período de reposo en el que apenas ocurre nada de saliente. Su impaciencia por combatir le obsesiona. Quiere demostrar a La Legión su gran ilusión de dirigirla en fuego. Por de pronto ahora hay que pensar también en otro asunto. El Tercio va a merecer el gran honor de que la Reina, como recompensa a tanto heroísmo, le entregue con su propia mano la Bandera. La fiesta solemne se celebrará en Madrid y asistirá a ella una nutrida representación armada de La Legión. Para ultimar detalles, a la vez que las fuerzas que han de concurrir se concentran en Algeciras, Valenzuela acude a Palacio y se entrevista con los Reyes. Alfonso XIII al despedirle, con toda aquella espontaneidad y simpatía tan suya, le abraza cariñosamente. El Joven Teniente Coronel sale profundamente impresionado. Después de este abrazo dirá aquella misma tarde en la gran peña a algunos de sus íntimos:
"ya puede uno morir con alegría".
Y casi en aquel mismo momento llegan a su poder noticias alarmantes de Melilla. El enemigo ha crecido considerablemente. La posición de Tizzi-Assa está sitiada. Hay que romper el cerco, y cueste lo que cueste llevarle el convoy. Se prevé un combate muy duro y muy sangriento. Las Banderas del Tercio irán en vanguardia. Valenzuela ha sentido en todo su cuerpo estremecimientos de alegría. ¡Llegó, por fin, el momento suspirado! Y rápido, corriendo materialmente, se dirige con atropello a la estación Dice adiós a los suyos, besa a su hijo. Se presenta horas después en el campamento de Tafersit, donde le aguardan concentradas las dos Banderas que han de operar con él. Habla a los Oficiales, a los legionarios, arenga a todos, les entusiasma, les arrebata. Mañana —les dice— iremos por encima de todo junto a nuestros compañeros sitiados. Si la resistencia es muy fuerte, la venceremos. Y si morimos en la empresa, tanto mejor. Demostraremos al mundo que aún hay raza. Esta era su constante obsesión y éstas eran las palabras que escribía siempre, al pie de todas las fotos suyas que dedicaba.
Como excelente católico, ha llamado a su tienda al sacerdote para confesarse con él. Hay que ir preparados, comenta luego con infantil alegría. ¡Da tanta fuerza el sentirse cerca de Dios! Unas horas después, al amanecer del trágico 5 de Junio de 1923, tras confesarse con él. Hay que ir preparados. El combate se inicia recio, reñido, incesante. El terreno es muy duro; el fuego enemigo hace muchas bajas; las camillas desfilan sin cesar hacia la retaguardia, manchadas sus lonas de sangre.
Valenzuela está infatigable, recorriendo toda la línea en un temerario alarde de valor que asusta a todos. Muchos legionarios, curtidos en el fragor de combates parecidos, tiemblan ahora de miedo. ¡Nos va a matar a nuestro Jefe! ¡No debía exponerse así! ¡Qué será de nosotros sin él!
Pasan de este modo unos minutos que parecen siglos. Las fortificaciones enemigas son tan fuertes que se hace imposible vencerlas solamente con el fuego. Tendrá que pensarse en alguna maniobra exterior. Pero el mando de todas las columnas, carente de otras iniciativas, considera, con manifiesto error, lo más cuerdo él atacarles cuerpo a cuerpo. Un cornetín toca desde muy lejos ataque con la contraseña del Tercio. Valenzuela oye el toque vibrante desde su puesto de vanguardia extrema, echado allí en el suelo, junto a sus legionarios parados e impotentes de avanzar. En aquel momento pasa por su imaginación el recuerdo de Franco, ausente ahora, en Oviedo, y haciendo con toda ilusión los preparativos de su boda. ¡Ah, si estuviera cerca, si lo tuviera allí mandando una de aquellas Banderas, inmovilizadas en tan áspero terreno! Pero ¿qué hacer ahora? Queda un único partido. Ponerse al frente de aquel grupo de legionarios avanzados y caer en tromba con ellos sobre las trincheras enemigas. Así, juntos todos, soldados y mandos y el Teniente Coronel a su cabeza. ¡Qué gran bautizo legionario para él si saliese con vida!
Y como lo piensa lo realiza. Puesto en pie, ha dado los tres vivas reglamentarios del Tercio. A España, a La Legión y aquel Rey, cuyos brazos le parece que le aprietan todavía cariñosamente en cordial despedida. En una mano sujeta nerviosamente su pistola, en la otra lleva estrujado su airoso gorro legionario. Y allá va hacia la muerte, hacia el sacrificio, hacia la perduración de la raza, que vive y vivirá siempre, digan lo que digan los débiles, los pesimistas, los cobardes...
El cuerpo vigoroso de Valenzuela, con toda la vitalidad de sus cuarenta y un años, caerá acribillado a balazos.
Quedará allí en el campo, sin recoger, rodeado de los cadáveres de sus próximos legionarios y de los enemigos muertos. Durante dos tristes noches las estrellas lo mirarán con esos ojos que parecen que parpadean incansables en el azul oscuro de aquel cielo africano sin nubes.
Después, amorosamente rescatado, será trasladado a Melilla. A la guerrera, empapada en una sangre que el tiempo endureció, se prenderá la Medalla Militar. Darán guardia de honor los legionarios heridos, que suplicaron permiso para salir del Hospital, con sus vendas todavía húmedas, para velar aquel heroico sueño de su Jefe. Sobre sus rostros retostados resbalarán esas lágrimas sinceras que sólo salen de los ojos cuando se pierde un padre. Y empezará aquel fúnebre cortejo que va a recorrer desde Melilla a Zaragoza una gran parte de España. Detrás del ataúd, con toda frecuencia por su máximo dolor, irán los más cercanos parientes que acudieron presurosos a seguirlo. Su hermano Enrique, Capitán de Artillería; los Condes de Sobradiel y de Isla, Joaquín Alcíbar, Arturo Guillén, Paco Urzáiz, y ya en marcha la decorosa comitiva, un joven Cadete de Caballería, su sobrino Enrique Guillén, que habrá saltado de su caballo en plenas maniobras académicas para unir su corazón doliente al de todos los demás de la familia. En todas partes el paso del entierro dará lugar a cálidas manifestaciones de pesar. En Zaragoza el pueblo entero se echará a la calle. Toda aquella enorme simpatía que derrochó el caído en su propia ciudad idolatrada, tendrá ahora una silenciosa y muda expresión de amargura y de cariño. En la cripta del Pilar, bajo el propio Altar de la Virgen, se abrirá la sepultura. Y allí, a los pies de la Gran Señora, a la que consagró el finado la más grande devoción desde muy niño, a la que quiso hacer Patrona del Tercio y a la que hubiera hecho de prolongarse su vida un poco más, aquí quedará enterrado hasta que el milagro de la resurrección le vuelva a la vida, uno de los más grandes guerreros que ha tenido y que tendrá esta España, pródiga siempre en hombres heroicos.
Dos años después, el Gobierno, tras meticuloso, concienzudo y excesivamente lento examen de sus méritos, le ascenderá como recompensa póstuma a Coronel de Infantería, con la antigüedad del día de su muerte. Pero el mayor homenaje, el que más hubiera ambicionado el caído de haber podido gritar desde su tumba, hubiera sido el de que alguien hubiera hecho esculpir en la lápida de su sepultura las palabras augustas de su Rey al conocer, transido de dolor, aquella muerte: "Hoy he perdido a mi mejor soldado".

* * *
Es indudable que el Tercio, a la muerte de su Jefe, sufrió una crisis comprensible. Al dolor de perderlo se unió la incertidumbre de quien vendría a reemplazarle. Sustitución difícil en verdad pues nada fácil parecía encontrar otra persona de su grado y de su temple. S. M. el Rey, que amó siempre a La Legión con especial cariño, meditó intensamente sobre este problema. Y halló para él la mejor solución. Ascender a Franco y confiarle el mando del Tercio. En la impaciencia de que lo supieran pronto los que iban a estar a sus órdenes y calmaran así su angustia, les telegrafió con urgencia: "Os reitero mi felicitación. A vuestro frente ha caído uno de mis mejores soldados. Guardad siempre su gloriosa memoria. Confío el mando de esas Banderas al Teniente Coronel Franco. Viva España. Viva La Legión. Alfonso Rey". Gran consuelo para todos esta grata noticia. ¡Qué bien acertó Su Majestad a salvar aquella crisis peligrosa!
Por su parte Franco, al saber la desgracia, escribió a sus compañeros de La Legión este otro despacho: "Os felicito por gloriosa jornada. Con vosotros lloro pérdida querido Teniente Coronel Valenzuela, el mejor caballero y soldado de la Infantería". Es el 18 de Junio de 1923. Hace solamente trece días que murió Valenzuela y cuatro que fue sepultado en Zaragoza. Ya los pies de Franco pisan de nuevo la tierra africana. Para venir a combatir otra vez con su habitual bravura. Para volver a maniobrar con sus Banderas guiadas por su genial inspiración. Para juntarlas todas bajo su mando juvenil, entusiasta y eficiente.
Al muelle acuden todos los Jefes y Oficiales de su Tercio en Ceuta, gozosos a esperarle. Pasada ya la crisis de luto y de tristeza, recobran con la sola presencia de su Jefe la serenidad y la alegría. Por cada uno de los campamentos legionarios corre la voz que es canto de esperanza y de victorias. ¡Llegó Franco! ¡Ya está otra vez con nosotros! ¡Iremos a su orden a donde quiera! ¡Nos esperan triunfos! ...
Pero el joven Teniente Coronel no oye todavía esos gritos que son toda una promesa. Ha entrado en su despacho y ha cogido de encima de la mesa una cuartilla en blanco de papel. Y sujetando en su mano la estilográfica, ha empezado a escribir su primera orden a sus fuerzas.
"Caballeros Legionarios, guardad puro siempre el espíritu legionario, tened ciega confianza en vuestra fortaleza, mantened firme el credo de La Legión y conservad en la memoria el recuerdo y ejemplo del más glorioso infante, del mejor legionario, Teniente Coronel Valenzuela, quien con su gorro y pensamiento en alto, murió por vuestra querida Legión."
Cuando concluyó de escribirla y la mandó a la imprenta, pidió su coche y marchó veloz al campo. Empezaba la tercera parte de su asombrosa carrera. La que había de llevarle sin descanso, en la lucha más difícil de todas las de Marruecos, a la de Coronel primero y al Generalato al poco tiempo. La que había de hacer que su nombre se cantara, entre aromas de incienso y olor de laureles, por toda España.








23 dic 2007

EL SALVADOR


















Desfilen los antiguos alumnos del Salvador en columna de honor ante sus héroes.
Pinchan sus corazones en tributo de amor.
Presenten juntas sus manos como en plegaria.
Esta vea fueron dos los héroes.
Rafael Valenzuela Urzáiz, el Jefe de la Legión,
muerto frente al moro el 5 de junio, en el barranco de Tahuarda.
Rafael Valenzuela Sánchez Muñoz, el padre del muerto glorioso, ofreciendo su vida, y la de otros
cien hijos que tuviera, en holocausto a su Fe y a su Patria, ante los restos del hijo, al darles
sepultura en la cripta de la Santa Capilla del Pilar de Zaragoza el 12 de junio.
Dos héroes de la misma sangre y afina; dos antiguos alumnos...
Inscribamos su nombre en el cuadro de nuestras glorias.
Pepe Yarza, Cistué, Mantecón, Valenzuela... van siendo ya legión.
Así cumplen su deber los chicos y grandes del Salvador, los mozos y los viejos del Salvador, que aprendieron a obrar el bien por el bien y a la mayor gloria de Dios.
¡Oh, héroes gloriosos, ya juzgados y triunfantes en el Supremo Tribunal divino! Rogad por nosotros.

N. BASELGA Y RAMÍREZ.









ACOMPAÑANDO EL CADÁVER DE VALENZUELA

La Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio del Salvador rindió en pleno los honores, bien podemos decirlo, al cadáver de Valenzuela el día 12 de junio en que fue traído a Zaragoza para ser enterrado en la santa basílica del Pilar.
Ya en la estación se vieron algunos, a pesar de lo temprano de la hora (las seis y media) y lo acompañaron con la numerosa comitiva hasta el oratorio de la Hermandad de la Sopa, constituido en capilla ardiente. Fué iniciativa de la M. I. Sra. Condesa de Sobradiel que de las pocas misas que allí podían celebrar-se, una fuese la de nuestro P. Rector. Allí estaban para ayudársela, como lo hicieron, los antiguos alumnos señores Baselga (D. Mariano y D. Santiago) , Presidente el primero y vocal el 2.° de la Junta directiva de A. A. Ambos, junto con D. Antonio Portolés, también vocal de dicha Junta, comulgaron en la Misa, ofreciendo por su llorado compañero el mejor testimonio de cariño y amistad que puede ofrecerse.
El duelo se había de organizar a las diez y media, en la plaza de Aragón, para la conducción del cadáver. Cabe decir de paso que fué una manifestación espléndida de toda la ciudad. Bastó una ligera insinuación publicada en El Noticiero, que los antiguos alumnos que deseasen formar en el duelo se reuniesen en el jardín del Colegio, a las diez y cuarto, para que acudiesen en gran número, muchos más de los que pudieran esperarse. No recordamos sus nombres ni acaso la mitad de ellos, mas plácenos consignar los que en este momento nos vienen a la memoria. Tales fueron los señores Baselga (D. Mariano y D. Santiago), Comín, Sancho (padre e hijo), Salvo, venido expresamente de Sádaba para este acto, Casanova, Aramendía, Vela, Portolés, Ostalé Tudela, Esteban (D. Mariano), Romeo Cantín (D. Jesús), Ibarra (D. Julio), Escudero (D. Julián), La Hoz (D. José María), venido de Valencia, etc., etc. Estos son de los más antiguos; empero de los más recientes no faltaban tampoco, y en buen número.
Con ellos íbamos varios Padres en representación del Colegio y entre ellos no podía faltar el P. Velilla, también antiguo alumno del Colegio.
Fue aquél un bello acto de compañerismo. La Asociación de Antiguos Alumnos formó compacta en el cortejo fúnebre, asociándose al luto de la ciudad y a las glorias del inolvidable héroe.

MI OFRENDA A VALENZUELA

Se la merece de todos los buenos españoles, entre los que yo quiero contarme. Pero no voy a ofrecerle corona de flores, como otros han hecho
No me gustan; se marchitan demasiado pronto.
¿Le ofreceré oraciones, santos sacrificios?
Indudablemente; esto se ha de dar por descontado; se los he ofrecido y con todo el afecto de mi corazón.
Pero no es ésta la ofrenda mía, que me es propia y peculiar. La mía ha de ser científica. Quiero perpetuar el nombre de Valenzuela en el campo de la Ciencia. ¿De qué manera? Dedicándole un género de insectos, a ser posible de Africa o España, que llamaré Valenzuela. ¿No os gusta la idea? ¿No os parece lindo el nombre? Sin duda alguna.
Mas ¿dónde está ese insecto género nuevo, que se ha de llamar Valenzuela? Voy a salir a las excursiones de verano; puede que sea tan afortunado (como otras veces) que Dios me lo depare, y entonces, la cosa es un hecho. Si no, entre los insectos exóticos que reciba se habrá de hallar alguno, y lo aprovecharé cuando se presente. Porque eso de ir a buscarlo al Rif ya es demasiado para mi edad y estos tiempos que corremos.
En el caso inverosímil de no tener a mi disposición un género, habré de dedicarle una especie, una variedad siquiera, que apellidaré Valenzuela. O ambas cosas, si os parece mejor.
Porque además del placer que en ello tendré por contribuir a su gloria, me siento en cierto modo como obligado. No fue Rafael mi discípulo, pero sí mi hijo espiritual en los mejores años, en los años de la inocencia. Era una alma cándida, recta, noble. Estos dulces recuerdos me estimulan a colocar una perla, perla científica, en la corona de su gloria.

LONGINOS NAVAS, S. J.

EL TELEGRAMA DEL RIF





















El Telegrama del Rif
(9 de junio de 1923)

Uno de los heridos del Tercio en el combate del día 5 nos ha referido un nuevo episodio, en el que se cubrieron de gloria el bravo alférez del Tercio Sendra y veinte legionarios a sus órdenes.
Acaeció el hecho, a que hacemos referencia, en los momentos nimbados por el supremo resplandor de la gloria, en que el heroico teniente coronel del Tercio, Valenzuela, caía mortalmente herido, haciendo la generosa ofrende de su vida en el altar de la Patria.
Muertos el bravo jefe y los cuatro camilleros, también del Tercio, que habían acudido a recoger el cadáver del glorioso Valenzuela, los rifeños, ensoberbecidos, trataron de apoderarse de los sagrados restos del heroico militar español, y, entonces, un alférez del Tercio, el alférez Sendra, al mando de una sección de veinte legionarios, como él, valientes, como él, audaces, no vacilaron en avanzar, con sublime arrojo, hasta luchar cuerpo a cuerpo con los rebeldes, que no veían conseguido su propósito de apoderarse del cadáver del heroico jefe del Tercio.
Los rebeldes, superiores en número, hubieron de abandonar aquel lugar al ver que otros legionarios acudían al que era sagrado lugar, porque allí estaban los restos de Valenzuela.
Junto a este cadáver quedaron también los del alférez Sendra y unos veinte legionarios, nuevos mártires de la Patria.
La noticia de la muerte del Jefe del Tercio, el teniente coronel Rafael Valenzuela Urzaiz, causó honda impresión en Melilla. En todas sus clases sociales se notó el profundo, sincero y sentido pesar. Se comentaba por doquier y resaltaban sus dotes de carácter, caballerosidad y afabilidad que enaltecían su prestigiosa figura en una aureola de modestia y simpatía.
La Cámara Agrícola y la de Comercio encargaron hermosas coronas de flores naturales con una sentida dedicatoria: "Homenaje póstumo de veneración a cuantos sacrificaron su vida por la Patria en la heroica figura del primer jefe del Tercio teniente coronel Valenzuela", que fueron depositadas sobre el féretro del insigne legionario.
Por acuerdo unánime del pleno de esta Cámara, se rogó a todos los agricultores y comerciantes melillenses que, "para rendir sentido homenaje a la memoria de los que sucumbieron por la Patria en las últimas jornadas y exteriorizar los sentimientos de admiración y leal asistencia a nuestro querido ejército, acompañen al cadáver del heroico teniente coronel del Tercio don Rafael Valenzuela, en su conducción".
La presidenta de la Cruz Roja recibió un telegrama de la madre del heroico jefe: "Madre jefe Tercio ruega cubran de flores a su heroico hijo. Joaquina Urzaiz". Al día siguiente recibía respuesta: "cumpliendo su honroso y triste encargo, una comisión de esta Junta de señoras de la Cruz Roja ha depositado hoy sobre el cadáver de su heroico hijo unas flores, testimoniando así el pesar que, como españolas, sufrimos por la pérdida del que tan alto supo poner el nombre de nuestra Patria".
El capitán ayudante del Tercio, Ortiz de Zárate (herido en Tizzi Assa), dirigió a Millán Astray un telegrama: "Alcanzó heroica y gloriosa muerte en el sangriento combate de hoy, el teniente coronel Valenzuela. Al lanzarse al asalto el primero, al grito de Viva la Legión, recibió un balazo en el pecho y otro en la cabeza. Ha muerto, pero vivirá eternamente en el corazón de todos los legionarios. ¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva la Legión!".
Entierro Legionario
Previamente al sepelio del teniente coronel Valenzuela, se produjo el entierro de los tenientes del Tercio Sanz Perea y Sendra, acto que presidió el jefe de la columna, coronel Gómez Morato, acompañado por el comandante del Tercio, Lucas Mercader.
Los féretros que guardaban los restos de estos oficiales fueron envueltos en la bandera nacional, rodeados por coronas ofrendadas por la Legión con sentidísimas dedicatorias.
En el momento de dar la sepultura, el coronel Gómez Morato intervino de la siguiente manera: "Yo os despido en nombre de la Legión y de todo un Ejército. Os doy un adiós en su nombre. Vuestro recuerdo perdurará siempre en nuestra memoria. Habéis muerto gloriosamente, excediéndoos en el cumplimiento de vuestro deber, escribiendo una de las más bellas páginas de gloria en el historial del Ejército español. Que Dios os acoja y entréis en la gloria, que bien la merecéis por vuestro comportamiento. ¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva la Legión!".

9 de junio,
Despedida de Melilla a Valenzuela

Si en innumerables ocasiones se ha mostrado cariño hacia la Legión, la jornada del 9 de junio de 1923 una ciudad completa rindió homenaje al Tercio en la figura del teniente coronel Valenzuela.
Melilla, sin distinción de clases, religiones ni razas, hizo honor a su tradición y sintió intensamente los dolores y las glorias del Ejército. Cada jefe, oficial o soldado que rendía generosamente su vida a la Patria en los campos vecinos, se incorporaba a Melilla, guardadora amorosa de sus cenizas y conservadora de sus glorias.
El homenaje que dio Melilla entera, con la participación de miles de personas, comenzó con el traslado del féretro hasta el puerto, donde embarcaría rumbo a Málaga con destino Zaragoza, ciudad en la que recibió sepultura, en el Santuario del Pilar, en cuya cripta quedaría guardando reposo eterno.
El acto duró tres horas desde que comenzó en el cementerio. Además de una nutrida representación de los efectivos de la Comandancia Militar de Melilla, acompañaron a la fúnebre comitiva miles de personas, pudiendo decirse que toda la ciudad estaba allí representada, no recordándose manifestación de duelo tan grandiosa.
Conforme avanzaba por la ciudad, el comercio cerró sus puertas, asociándose al sentir general. En todas las calles se agolpaba enorme gentío, costando gran trabajo abrir paso.
Cuando llegó al muelle, todas las fuerzas que se hallaban allí formadas rindieron honores al cadáver del heroico teniente coronel Valenzuela, presentando armas e interpretándose la Marcha Real (Batallón de Melilla, una compañía de Ingenieros, una batería de la Comandancia de Artillería, una compañía de Intendencia y un escuadrón de Caballería).
El coronel jefe de Estado Mayor dio lectura a la orden que concedía la Medalla Militar al heroico jefe del Tercio. Seguidamente, el Comandante General se dirigió a los allí congregados.
"Soldados: delante del cadáver del heroico teniente coronel Valenzuela, que murió cubriendo su nombre de gloria en defensa del honor de España, debemos todos jurar, como buenos españoles, dar la vida por la Patria si llegara el momento. Ante el cadáver del glorioso Valenzuela gritemos: ¡Viva España! ¡Viva el Ejército! ¡Viva el Rey! ¡Viva la Legión!".
El gentío y las fuerzas que se hallaban formadas en tan solemne momento, contestaron clamorosamente estos entusiastas y patrióticos vítores.
El general Echagüe, jefe de las columnas en el momento de la muerte del jefe del Tercio, colocó sobre el féretro la condecoración, y dijo:
"En nombre de la nación impongo al teniente coronel Valenzuela la Medalla Militar. El mayor honor y la más grande satisfacción de mi vida ha sido imponer esta medalla al teniente coronel Valenzuela. ¡Viva España! ¡Viva la Legión!".
El jefe accidental del Tercio, comandante Lucas, intervino de la siguiente manera:
"Excelentísimos señores, soldados: ha caído nuestro prime jefe, el heroico teniente coronel Valenzuela, y hasta que caiga el último de los soldados de la Legión, los legionarios seguiremos cumpliendo con nuestro santo deber de pelear por la Patria. Ha caído nuestro primer jefe. ¡Gloria al teniente coronel Valenzuela! Aunque el dolor de haberlo perdido inunda nuestro corazón, gritemos ahora, con más ardor que nunca ¡Viva España! ¡Viva la Legión! ¡Viva el Rey!".
Tras estos parlamentos dio comienzo el desfile de las fuerzas que habían formado, pasando ante el cadáver del que fue bravo jefe legionario. Primero desfila el piquete del Tercio que había custodiado la comitiva, dándose entusiastas vivas a la Legión. Después lo hicieron los alféreces Casado, Díaz Criado, Tenorio y Esteban, que se encontraban heridos, al frente de unos cincuenta legionarios también heridos en los combates de los últimos días.
El paso de estos soldados produjo en la concurrencia una extraordinaria emoción. Los valientes alféreces y soldados del Tercio que vertieron su sangre por la patria vitoreaban sin cesar a España y a la Legión, contestando millares de personas, poseídas todas por el mismo sentimiento sublime de patriotismo.
Después se procedió a embarcar el féretro en el cañonero Bonifaz, con dirección a Málaga, y de allí continuaría el traslado en ferrocarril hasta Zaragoza, reposando desde entonces el teniente coronel Valenzuela en el templo del Pilar.

Diario El Telegrama del Rif
Pasan los legionarios heridos
Se acababa de imponer la Medalla Militar sobre el féretro envuelto en la bandera española, que encerraba el cadáver del teniente coronel Valenzuela. No se habían extinguido los atronadores vivas a España, al Rey y a la Legión. Aún resonaban en los oídos de la muchedumbre apiñada las palabras pronunciadas en honor del héroe, que fueron un cando al amor patrio y al sacrificio. Los pechos alentaban conmovidos, y a los ojos acudían destellos que reflejaban que todos los pensamientos se habían fundido en uno solo, grande y elevado.
En aquellos culminantes momentos, todos se consideraban pequeños y sentían envidia ante la grandeza del que ya no existía. Mas no habían terminado las emociones.
Suena una banda militar, desfila airosamente una sección de legionarios, que rinden el postrer homenaje al que fue su jefe, dando un sonoro ¡viva! Y tras ellos, un centenar de héroes, de esos chacales que van siempre delante, heridos por el plomo rifeño. Unos cojeando, otros envueltos en gasas, con los brazos en cabestrillo, con muletas, o llevados entre varios, y a la cabeza de ellos los oficiales que también derramaron su sangre en las pasadas jornadas, que despreciando los dolores de la carne, abandonaron los hospitales y acudieron a decir adiós al que los condujo a escribir una página gloriosa.
Al paso de aquel puñado de valientes, la multitud, respetuosa y conmovida, se descubre. Los corazones aceleran su ritmo y muchos miles de manos se juntan para dar el más sonoro y ferviente aplauso de admiración.
Fue un momento grandioso, inolvidable, un tributo rendido espontáneamente al valor

HERALDO DE ARAGON LA MUERTE DE VALENZUELA 1923








HERALDO DE ARAGÓN

HERALDO DE ARAGÓN
6 JUNIO 1923
LOS HÉROES DE LA GUERRA
EL TENIENTE CORONEL VALENZUELA URZAIZ

Embargados por dolorosa impresión escribimos estas líneas. El teléfono nos ha traído la fatal noticia, que ha repercutido en nuestro ánimo con la intensidad de un fuerte mazazo.
Rafael Valenzuela Urzáiz, el valeroso y aguerrido jefe del Tercio de Voluntarios, que marchó a África impulsado por su firme y arraigada vocación militar, han caído en la lucha contra la morisma, esa lucha que nos hace vivir en perpetua angustia, en constante inquietud y que constituye el problema pavoroso que cierne sobre España los más tristes presagios.
Rafael Valenzuela, que solicitó ir voluntario a África, y que poco después fue destinado al puesto de mayor honor en la campaña al mando del Tercio, que tantas páginas de gloria ha escrito, ha muerto en el combate librado ayer en la zona oriental y del que comienzan a saberse informe demostrativo de la inseguridad de nuestra actuación en África.
Conocíamos a Rafael Valenzuela y sabíamos de su entusiasmo militar, de sus dotes de mando, de su prestigio en el arma de Infantería, de su valor, de su simpatía personal.
Era el malogrado teniente coronel Valenzuela Urzáiz ante todo y sobre todo militar, al más adecuado concepto de la palabra. Sentía por su carrera verdadera devoción. A ella consagró siempre sus usías Mohs, sus energías, sus arrestos, su alma entera.
La época anterior en que Rafael Valenzuela prestó sus servicios en África se comportó tan bizarramente que alcanzó merecidas y señaladas recompensas. Una bala enemiga le hirió gravemente, y por ello obtuvo el ascenso a teniente coronel por méritos de guerra.
Regresó a la Península y permaneció en la guarnición de Zaragoza desempeñando el cargo de ayudante de campo del capitán general señor Ampudía. En distintas ocasiones expresó su deseo de volver a África, y al pasar a la reserva el general Ampudia, dirigió su solicitud al ministerio de la Guerra. El ministro, reconociendo las excelentes cualidades del teniente coronel Valenzuela, le destinó a mandar las fuerzas regulares de Ceuta, cuya jefatura desempeñó con gran acierto durante unos meses.
Cuando el Sr. Millán Astray pidió el relevo del mando del Tercio, el ministro encontró en Rafael Valenzuela, el indicado sustituto.
Al ser designado para cargo tan honroso y comprometido, el teniente coronel Valenzuela Urzáiz experimentó una de las mayores satisfacciones de su vida. Su designación para mandar el Tercio le llenó de orgullo y con el más ferviente entusiasmo acudió al puesto de honor.
No hace mucho tiempo estrechamos la mano de Rafael Valenzuela que vino a Zaragoza a recoger a su familia. Al preguntarle si estaba contento, contestaba exteriorizando su fe en sus voluntarios, a los que consideraba como la fuerza más guerrillera y más valiente de las que pelean en África.
Un grupo de amigos le obsequió con un banquete íntimo y al agradecer el homenaje, Rafael Valenzuela, pronunció frases de elevado espíritu patriótico, de entusiasmo creciente por su permanencia en África, de deseo vivísimo por la lucha en defensa de los intereses de España en Marruecos.
Los que conocíamos a fondo a Rafael Valenzuela y éramos sus amigos, constantemente teníamos la inquietud de que su ardimiento y bizarría le auguraban una muerte gloriosa. Ignorándose todavía detalles del combate librado en Tizzi-Azza, pero desde luego gloriosa habrá sido la muerte del amigo querido.
Habrá muerto como mueren los bravos, los héroes. Porque bravo y héroe había demostrado ser Rafael Valenzuela en no pocas ocasiones de su vida militar.
En Zaragoza, donde era tan conocido y estimado, la muerte del distinguido jefe ha de causar penosísima impresión y sentimiento sincero. Ya anoche las personas que supieron la infausta noticia, acudieron a nuestra redacción exteriorizando su pena al verla confirmada.
Residen en nuestra ciudad muchos parientes del finado, entre ellos los señores de Urzáiz, Guillén, Sobradiel, Gabarda, Areyzaga y otros, a los que expresamos nuestra identificación con su dolor.

EN EL FRENTE DE TIZZI-AZZA
LAS TROPAS ARROLLAN A SIETE MIL REBELDES
MUERTE DEL JEFE DEL TERCIO SEÑOR VALENZUELA
EL COMUNICADO OFICIAL DEL ALTO COMISARIO


A las siete y media de la tarde, ha sido facilitado en el ministerio de la Guerra, por el Jefe de Estado Mayor Central, el siguiente comunicado oficial de África:
El Alto Comisario participa desde Melilla lo siguiente:
Las columnas desplegadas que iban a la ida con el convoy enviado a Tizzi-Azza y posiciones avanzadas dependientes de ella, han tenido contacto con un numeroso enemigo, en un extenso frente, que estaba atrincherado y defendido por pozos de lobo.
El espíritu de las fuerzas, valiosísimo, apoyadas por la aviación y la artillería, ha inutilizado los propósitos del enemigo, llegando el convoy a la posición de Besutes y que ha seguido luego hasta la posición principal. En este momento, están realizados todos los objetivos, a pesar de tener que combatir con un enemigo, el más selecto, en número de más de siete mil rebeldes, no habiendo sido necesario apelar a las columnas de reserva. La actuación de las tropas ha sido brillantísima, y especialmente la de los Regulares, Tercio, carros de asalto y aviación. Las fuerzas de regulares han dado brillantes cargas a la bayoneta, haciendo en el enemigo una verdadera carnicería. Ignoro en estos momentos las bajas que han tenido las tropas, bajas que comunicaré inmediatamente que estén lo debidamente comprobadas".

A primeras horas de la noche comenzó a circular por Madrid el rumor de que entre los muertos registrados en el combate de hoy, figuraba el jefe del Tercio Extranjero teniente coronel señor Valenzuela.
Procuramos obtener una confirmación o rectificación de tal rumor, y para ello acudimos a diversos lugares de información.
Desgraciadamente la noticia, es cierta. Una de las víctimas del combate, ha sido el señor Valenzuela. Faltan detalles de su muerte.

UN GRAN COMBATE EN TIZZI-AZZA
HEROÍSMO DEL TENIENTE CORONEL VALENZUELA
NO HAY TELEGRAMA OFICIAL. RUMORES FALSOS.
UNA VERÍDICA INFORMACIÓN ACERCA DEL COMBATE

Hasta última hora hemos estado los periodistas esperando que nos facilitaran en el ministerio de la Guerra información oficial relacionada con el combate registrado en el frente de Tizzi-Azza.
La información oficial, no ha llegado, y si ha llegado, a los periodistas no ha sido facilitada.
El subsecretario del ministerio de la Guerra ha dicho que el Alto Comisario no había vuelto a telegrafiar desde el comunicado que facilito a las siete y media de la tarde.
Suponía que el Alto Comisario querría enviar detalladamente el número de bajas y las más minuciosas impresiones de la operación.
El hecho de no haber comunicado oficial ha servido para que circularan los más absurdos rumores.
¡Es que hemos tenido un desastre! decían muchos comentaristas.
A esta suposición, completamente gratuita, podemos nosotros contestar diciendo que nada más alejado de la verdad hay que decir que el combate ha sido un desastre para nuestras armas. Ha sido una de las más gloriosas de las acciones registradas en la campaña de África.
Tenemos en nuestro poder una información particular, verídica, tanto o más que la información oficial. Y esta información nuestra confirma que el éxito de las armas españolas ha sido completo, con sensibles e inevitables bajas.
He aquí nuestra información:

SALIDA DE LAS COLUMNAS. EL ENEMIGO PREPARADO.

LA ACCIÓN DE LOS AVIADORES.

Al amanecer, marcharon las columnas de protección del convoy que iba a Tizzi-Azza y posiciones próximas, para rectificar la línea para hacer con mayor seguridad el envío de abastos a las posiciones avanzadas. Pronto se vio que el enemigo estaba preparado para impedir la marcha de las tropas. Apenas habían caminado unos kilómetros, el enemigo rompió el fuego.
Y comenzó la lucha.
Entró en fuego la artillería y los aviones. Estos prestaron inapreciables servicios, de grandísima utilidad, para la rectificación de la puntería de los cañones y para señalar las más fuertes concentraciones rebeldes. Además, los aviadores ametrallaron terriblemente al enemigo, de tal manera que hicieron huir a la desbandada a los rebeldes, causándoles enorme número de bajas. Los aviadores se comportaron con tal heroísmo y desprecio a la vida, que volaban tan bajo que ofrecían de continuo, un buen blanco al enemigo.
Así ocurrió que el coronel Kindelán, jefe de los servicios de aviación, hallándose en pleno combate y volando su aparato a poca altura, recibió dos balazos en el pecho.
Cayó el aparato y el señor Kindelan fue recogido en muy gravísimo estado, tanto que en Madrid se dice ahora que ha fallecido.

SE GENERALIZA LA BATALLA
- LUCHAS CUERPO A CUERPO –A TOMAR UNA LOMA
EL HEROÍSMO Y LA MUERTE DEL JEFE DEL TERCIO

La batalla se generalizó muy pronto en un frente muy extenso, pudiéndose decir que la cifra de siete mil enemigos que figura en el primer comunicado oficial no solamente se acerca a la verdad si no que se queda corta.
Los cabileños luchaban con gran ardor. Sugestionados por las predicaciones de Abd-el-Krim, esperaban que la operación de hoy sería un desastre para los españoles.
Los soldados avanzaban sin detenerse un punto. Y llegaban al terreno en que los moros estaban atrincherados dando lugar a cien episodios heroicos.
Hubo numerosas luchas cuerpo a cuerpo, por los Regulares y por los del Tercio, que sembraron la muerte.
Los Regulares, dando formidables cargas a la bayoneta, desalojaban de enemigos las trincheras. Entonces se dio orden de que las fuerzas del Tercio fueran a coronar una loma, en cuya cumbre estaban sólidamente parapetados los moros.
Estos hacían un terrible fuego sobre las tropas. La empresa era durísima de realizar porque se sabía que había de costar muchas vidas.
Entonces el teniente coronel señor Valenzuela Urzáiz, se puso a la cabeza de los soldados del Tercio y bajo una lluvia de plomo, subió loma arriba, seguido de los legionarios.
De pronto, el teniente coronel Valenzuela vaciló y cayó. Había recibido un balazo en el pecho, que le causo la muerte antes de que pudieran acudir a asistirlo.
La muerte del Jefe del Tercio enardeció a los legionarios y realizando un supremo esfuerzo, escalaron la loma, llegaron a la cumbre y expulsaron a bayonetazos a los moros, que huyeron dejando la loma sembrada de cadáveres. Las tropas se mantuvieron en todas las posiciones ocupadas.
A las diez de la noche, el enemigo no había dado señales de vida. Hemos tenido treinta y tantos muertos y ciento diez heridos, número de bajas nada importante en relación con la magnitud de la operación y del éxito alcanzado.

DOS HERIDOS GRAVES
EL EJEMPLO DEL TENIENTE CORONEL VALENZUELA


Entre las víctimas figuran el capitán Casado y el teniente Gea, que sufre heridas muy graves
El hermano del Jefe del Tercio, don Ignacio Valenzuela, se hallaba con varios amigos en la Gran Peña cuando le llamaron del ministerio de la Guerra para comunicarle la muerte de su hermano. Esta noche ha salido para Marruecos.
El teniente coronel don Rafael de Valenzuela Urzáiz estaba en Madrid cuando ocurrieron los últimos sucesos de Tizzi-Azza.
Sin resolver los asuntos que habían motivado su viaje a Madrid, asuntos de carácter particular, marchó a África en el primer tren. Ayer llegó a Melilla, e inmediatamente tomó el mando de los legionarios.

7 JUNIO 1923

RAFAEL VALENZUELA URZAIZ EN MEMORIA DEL JEFE DEL TERCIO DE VOLUNTARIOS ¡¡ MUERTO HEROICAMENTE EN TIERRAS DE ÁFRICA!!

Ya cayó otro bravo
soldado del Tercio,
sucumbió como muere un valiente,
Sucumbió de un balazo en el pecho.
Era un mozo fuerte
era un hombre recio,
un soldado que supo batirse
como siempre lucharon los nuestros,
con la faz erguida,
con viril aliento,
con loco entusiasmo,
con brío, con fuego,
con el sano optimismo patriota
de quien va a defender a su pueblo.
¡ Ya cayó otro bravo
soldado del Tercio!
Rafael Valenzuela sentía
el valor de sus firmes arrestos,
militar entusiasmo en su empuje,
ilusión triunfadora en sus nervios.
Y era entre los suyos
sencillo, discreto,
la señal que distingue a los buenos.
Influido por bélico temple
acudió al secarral de Marruecos
y en el rudo combate del moro
sucumbió con heroico gesto,
dando cara al feroz enemigo,
recibiendo el balazo en el pecho.
¡Ya cayó otro bravo
soldado del Tercio!
¡Maldición a esa guerra africana!
¡Estéril esfuerzo
que ennegrece de lutos la Patria
y nos roba el amor de los nuestro

LA MUERTE DEL TENIENTE CORONEL VALENZUELA URZAIZ

Unánime ha sido el sentimiento que en Zaragoza ha producido la muerte del teniente coronel Valenzuela Urzáiz.
Tenía en nuestra ciudad infinidad de amigos el heroico jefe del Tercio de voluntarios, amigos que le querían profundamente por su simpatía y su caballerosidad y que admiraban en el sus virtudes militares, su bizarría, su entusiasta vocación y su cultura nada común.
Rafael Valenzuela no era aragonés, pero por tal podía tenérselo. Nacido en Andujar, llevaba en sus venas sangre aragonesa y en Zaragoza pasó su juventud y largas temporadas perteneció a nuestra guarnición.
Su cariño a la ciudad lo exteriorizó en múltiples ocasiones, y su devoción a la Virgen del Pilar, firmemente sentida, y compartida con su arraigado culto a la Patria, le hizo concebir la idea de ofrendar a nuestra Santa Patrona la bandera del Tercio, proyecto que ha frustrado la artera bala que privó de la vida a un jefe tan distinguido y pundonoroso de nuestro Ejército.
Las manifestaciones de pésame que reciben los parientes del finado, que aquí residen son numerosísimas. Por el domicilio del respetable caballero D. Joaquín de Alcibar, padre político del bravo jefe del Tercio, desfilaron ayer centenares de personas para manifestar su sentimiento y muy expresivos testimonios de pésame recibieron otros familiares suyos. El señor Alcibar marchó ayer por la mañana a Madrid para trasladarse desde allí a Melilla con objeto de recoger el cadáver y traerlo a Zaragoza.
Hasta Madrid hizo el viaje en el automóvil del conde de Sobradiel acompañado por éste, D. Francisco Urzáiz y D. Arturo Guillén Urzáiz. La Junta del Casino de Zaragoza dispuso ayer que en señal de duelo por la muerte de Rafael de Valenzuela Urzáiz, se colocasen en los balcones del edificio colgaduras con negros crespones y permaneciera media puerta cerrada.
Igualmente se ha elevado a la Directiva una solicitud con numerosas firmas exponiendo el deseo de que el Casino organice algún acto para honrar la memoria de quien durante muchos años perteneció a la distinguida entidad zaragozana y tanto ha enaltecido a la Patria con su heroico comportamiento.
El cadáver del malogrado jefe del Tercio será traído a Zaragoza para su inhumación en el panteón de familia.
Ayer recibió el gobernador civil un telegrama del ministro de la Gobernación, indicándole que, según previene la ley de Sanidad sea autorizado el traslado del cadáver.
Fueron muchísimos los telegramas que ayer se cursaron de Zaragoza a la viuda del teniente coronel Valenzuela y a su madre la respetable ama doña Joaquina Urzáiz expresándoles el profundo sentimiento que ha causado el trágico fin de su esposo e hijo.
Manolita Alcibar marchó con sus hijos a Ceuta cuando el heroico jefe fue destinado a mandar el Tercio y allí le ha sorprendido la terrible desgracia.

DESDE MADRID (POR TELÉFONO)

La muerte de Rafael Valenzuela ha producido penosísima impresión aquí en Madrid.
Por el domicilio de su madre han desfilado hoy todas sus relaciones, y se han recibido centenares de cartas y telegramas de pésame.
Parte en tren el capitán de Artillería Enrique Valenzuela Urzáiz que ya sirvió en África dos años y que de nuevo ha sido destinado allí para cubrir la baja de un compañero herido.
Hace no más de veinte días contrajo matrimonio con una linda señorita cubana y este destino interrumpe su luna de miel. Con Enrique Valenzuela van don Joaquín de Alcibar, el conde de Sobradiel y otros parientes que han llegado esta tarde de Zaragoza. Han sido despedidos por otros parientes y amigos, y por los zaragozanos que se han enterado de la marcha de Enrique Valenzuela.
Este ha recibido el pésame cariñoso delos generales Berenguer, Cabanellas y Martínez Anido.
El general Martínez Anido ha marchado esta noche a Melilla y han acudido a despedirlo los generales Berenguer y Cabanellas. No han ido más porque nadie tenía noticia de que se marchaba tan pronto.
Al arrancar el tren ha habido un momento de emoción entre los amigos de esos tres grupos.
Enrique Valenzuela descubierto ha dado un grito de "Viva España" que ha sido contestado con entusiasmo por todas las personas que se hallaban en la estación.
Despidiéndose Enrique Valenzuela ha dicho: Voy a seguir la historia de mi hermano, voy gustoso a cumplir con mi deber.
Nota efusiva de esta despedida ha sido el abrazo que ha dado a dos soldados de Artillería, por cuanto aragoneses, que han sido sus ordenanzas.

EL CADÁVER DEL SEÑOR VALENZUELA

Melilla.- Esta mañana se han dicho misas en la capilla del Cementerio en sufragio del alma del teniente coronel señor Valenzuela.

INFORMACIÓN GENERAL

Melilla.- Referente ala muerte del teniente coronel señor Valenzuela se sabe que momentos después de caer mortalmente herido, le recogieron cuatro camilleros legionarios.
Tres de ellos cayeron muertos y el cuarto herido de gravedad.
Inmediatamente acudieron cuatro camilleros también del Tercio para recoger a su compañero herido. Este se negó a ser trasladado, diciendo que se llevaran primero al teniente coronel señor Valenzuela.
Los oficiales del Tercio han recibido un telegrama del Rey que dice:
"Os reitero felicitación que por conducto Alto Comisario dirijo tropas. A vuestro jefe caído en ataque uno mis mejores soldados. Guardad siempre gloriosa memoria. Confiero mando esas tropas teniente coronel Franco. ¡Viva España! ¡Viva Legión!. Alfonso, Rey".
También la oficialidad del Tercio recibió un telegrama de Millán Astray diciendo:
"Gloria heroicos legionarios. ¡Gloria Valenzuela! Pido al Rey y al ministro volver a mandaros. ¡Vengad la muerte hermanos! Comuníquelo. ¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva la Legión!
Se van conociendo nuevos detalles del último combate.
En el ataque a la bayoneta que dieron las fuerzas del Tercio, las dos banderas se confundieron animadas de un mismo valor y frenético entusiasmo rivalizando los oficiales y soldados en castigar a los rebeldes. Cayeron heridos casi todos los oficiales del Tercio.

ULTIMAS NOTICIAS

Melilla.- Mañana en la plaza de España, se verificará el solemnísimo acto de imponer al cadáver del teniente coronel señor Valenzuela la Medalla Militar.
Asistirá el Alto Comisario, el comandante general señor Martínez Ainido, los generales Echagüe y Castro Girona y los coroneles señores Despujels y Pardo.
Asistirán también comisiones civiles y militares y una unidad de cada cuerpo.
Las tropas desfilarán ante el cadáver. Terminado el acto, el cadáver será trasladado al vapor correo, para conducirlo a la Península.

10 JUNIO 1923

ECOS

La heroica muerte de Rafael Valenzuela, de tan limpia ejecutoria militar, era forzoso que impresionara dolorosamente a nuestro pueblo, que tanto le quería cuanto grandes eran sus merecimientos.
El noble deseo de reverenciar su memoria y glorificar su hazaña ha concretado, y ya se organiza un justificadísimo homenaje por nosotros aplaudido con todo fervor, homenaje que adquirirá su mayor relieve al inhumarse los restos del jefe del Tercio en la Basílica del Pilar.
Pocos días antes que Valenzuela halló también gloriosa muerte en el mismo campo de Tizzi-Azza, otro militar aragonés de brillante historia: el comandante de Regulares, señor Repollés.
¿Por qué no reunimos la pleitesía? Puesto que los dos son aragoneses y los dos son héroes y los dos han sido casi a la vez, victimas de las balas rifeñas, en el mismo campo, y al frente los dos de fuerzas de choque.
¿Por qué no igualarlos en la demostración del duelo que su pérdida nos ha producido?
Sería una obra de justicia, también de equidad.


EL CADÁVER DEL TENIENTE CORONEL VALENZUELA URZAIZ
EL MARTES SERÁ INHUMADO EN EL TEMPLO DEL PILAR


Ayer tarde, nuestro estimado amigo el conde de Gabarda, próximo pariente del malogrado Jefe del Tercio, celebró una conferencia telefónica con una persona también de la familia del finado, ultimando los detalles relativos a la llegada a Zaragoza del cadáver del teniente coronel Valenzuela Urzáiz y al acto de su inhumación en la basílica del Pilar.
El martes, en el correo, que tiene su llegada a la estación de Madrid a las 6'15 de la mañana, llegará el cadáver del heroico jefe que muerte tan gloriosa tuvo en el último combate cobrado en Tizzi-Azza.
Vendrán acompañando el cadáver, además del padre y hermanos del finado, el conde de Sobradiel y cuatro oficiales del Tercio, comisionados por los legionarios para tributar al que tan bravamente les dirigió en el combate, póstumo homenaje de admiración y cariño.
A las diez y cuarto, el cadáver será depositado en un armón de artillería, que se dirigirá a la plaza de Aragón, donde a las diez y media se organizará la fúnebre comitiva.
Esta será presidida por el capitán general señor Olaguer-Feliú, que ostentará la representación del Rey.
Habrá otras dos presidencias: una integrada por el alcalde de Zaragoza y demás autoridades y otra por la familia Valenzuela y cercanos parientes.
Al fúnebre acto se asociarán, sin duda alguna, infinidad de amigos del finado.
Contaba en nuestra ciudad Rafael Valenzuela generales afectos y simpatías, que se patentizarán con motivo de su entierro.
Pero a éste no concurrirán tan solo los que le conocían. El Jefe del Tercio era aragonés, y honró a su pueblo natal, muriendo heroicamente, ofrendando su vida a la Patria con abnegación y desinterés que le hacen acreedor a un sentido y cariñoso homenaje de sus paisanos.
La comitiva se dirigirá por el paseo de la Independencia, plaza de la Constitución, Coso y calle de Alfonso al tempo del Pilar.
En éste se celebraran solemnes funerales de cuerpo presente.
La capilla de música interpretará la misa del maestro Cariñena y el miserere chico de Olleta. Durante el funeral dará guardia al cadáver la Real Maestranza, a la que pertenecía el finado. Terminadas las exequias, el cadáver del teniente coronel Valenzuela será inhumado en la cripta de la Santa Capilla.
Se le tributarán al cadáver del jefe del Tercio los honores militares de ordenanza.
Las directivas de los Casinos de Zaragoza y Mercantil han requerido a sus socios para que concurran a los actos que el martes se celebren con motivo del sepelio del cadáver del jefe del Tercio.

EL CADÁVER DEL TENIENTE CORONEL SEÑOR VALENZUELA
IMPOSICIÓN DE LA MEDALLA MILITAR
EL LUNES ESTARÁ EL CADÁVER EN MADRID. SU TRASLACIÓN A ZARAGOZA

El expreso de Andalucía del próximo lunes, traerá a Madrid el cadáver del teniente coronel, jefe del Tercio Extranjero, don Rafael Valenzuela Urzáiz.
Una de las salas de la estación quedará convertida en la capilla ardiente. En ella quedará depositado el cadáver, celebrándose misas hasta las doce y media de la mañana. A las seis y media de la tarde, en el expreso de Barcelona, será trasladado el cadáver a Zaragoza.

FUNERALES EN CEUTA

Se celebraron los funerales por el alma del teniente coronel señor Valenzuela.
Desde que se tuvo conocimiento de la noticia de la muerte del señor Valenzuela, la sensación que produjo fue inmensa, siendo muy visitado el domicilio del heroico jefe.
Los pliegos de papel colocados en el pabellón en que habitaba, se llenaron inmediatamente de firmas.

LOS LEGIONARIOS ACOMPAÑARAN AL CADÁVER

Acompañando a los restos mortales del señor Valenzuela, marchará a la Península un destacamento de legionarios. Van con el cadáver los hermanos y los capitanes Urzáiz y Ortiz de Zárate.

SE LE IMPONE AL CADÁVER LA MEDALLA MILITAR.

UNA CONMOVEDORA CEREMONIA Y UN VIBRANTE DISCURSO

Melilla.- En la plaza de España se ha celebrado el acto de imponer la medalla militar al cadáver del teniente coronel señor Valenzuela.
Ha sido una ceremonia de extraordinaria solemnidad, y muy emocionante. Asistió al acto una compañía de cada cuerpo residente en la plaza. Estuvieron presentes el Alto Comisario, señor Silvela, los generales Martínez Anido, Castro Girona y Echagüe, los coroneles Despujoles y Pardo y las autoridades y comisiones de corporaciones y entidades.
Numeroso público llenaba la plaza de España. El acto de la imposición de la medalla fue de intensa emoción.
El Alto Comisario señor Silvela pronunció un vibrante discurso, enalteciendo la rivalidad de las tropas para acudir a los puestos de vanguardia. Cantó a la disciplina y al valor del soldado español. Habló de las envidiables condiciones que poseía el heroico jefe del Tercio y terminó dando vivas a España, que fueron contestados con gran entusiasmo. Después de verificada la ceremonia fue trasladado el cadáver del señor Valenzuela al puerto, para embarcarlo a bordo del vapor correo que lo ha de conducir a Málaga.

MÁLAGA A VALENZUELA

Málaga.- El Ayuntamiento ha tomado el acuerdo de que una comisión de la Corporación vaya a recibir los restos mortales del teniente coronel señor Valenzuela Urzáiz.
El cadáver será conducido a la estación de los Andaluces, donde ya está preparado el furgón que lo ha de conducir a Madrid.

12 JUNIO 1923

EN MEMORIA DE UN HÉROE
EL CADÁVER DEL TENIENTE CORONEL VALENZUELA URZAIZ


Hoy llegarán a Zaragoza los restos del teniente coronel Valenzuela Urzáiz, el heroico jefe del Tercio, que ofrendó su vida a la Patria en el combate de Tizzi-Azza, con abnegación y desinterés incomparables.
Zaragoza que sentía hacia Rafael Valenzuela el cariño y la simpatía más cordiales, rendirá a sus restos gloriosos el homenaje más sincero que será expresión del profundo sentimiento que la muerte del amigo caballeroso y leal ha producido.
El entierro del cadáver de Rafael Valenzuela Urzáiz, constituirá, seguramente, una imponente manifestación de duelo. Todas las clases sociales de la ciudad se asociarán al fúnebre acto. Por Zaragoza sentía el malogrado jefe del Tercio un afecto especialísimo, que demostró cuantas veces tuvo ocasión. De ahí que el póstumo homenaje que la ciudad rinda a quien la enalteció muriendo como morir saben los bravos, daba tener un carácter esencialmente popular.
No ha de ser el acto de hoy por la mañana, un acto más que sirva de pretexto a exhibiciones. Por su esencia, por su objeto, debe ser la expresión de dolor por la muerte de un bizarro soldado aragonés y expresión también de homenaje, de admiración y de cariño a las cenizas gloriosas de quien sucumbió ofreciendo su pecho en defensa de los intereses de España en África.
Cierto que todos cuantos como Valenzuela Urzáiz dejaron su vida en las ingratas tierras rifeñas, merecieron idéntico homenaje. Por ello, a la vez que Zaragoza manifiesta su pena ante el cuerpo inerte del valeroso jefe, dedicará un sencillo recuerdo a los que gloriosamente murieron.

UN PARTE DEL ALTO COMISARIO

Como testimonio del unánime homenaje que a Valenzuela Urzáiz le ha rendido el Ejército de África, que tan de cerca ha advertido la gloria que envolvió su muerte, reproducimos el siguiente parte del Alto Comisario al Gobierno:
Tengo inmensa satisfacción comunicar unánime manifestación patriotismo hecha por Melilla con motivo traslados restos heroico Teniente Coronel Valenzuela, en acto imponer medalla militar citado Jefe, durante el que aclamaciones a Patria y Legión se han sucedido, así como en desfile tropas, especialmente al hacerlo Jefes, Oficiales y Legionarios heridos, que rogaron se les permitiera abandonar hospitales para realizar última ofrenda a su valeroso Jefe.
Al transmitir estos hechos, avalorados con presencia Alto Comisario, que al dirigir al Ejército y Pueblo patriótica arenga, ha conseguido que aquellos vitoreasen a España, a la Legión y al Rey con entusiasmo aquí no conocido, manifiéstole que al imponer medalla acto, que ha hecho por mi delegación el General Echagüe, como Jefe de estas tropas en las pasados operaciones, el entusiasmo llegó a proporciones que no creo se igualen.
Tengo, pues, seguridad contar con Ejército dispuesto al sacrificio y una población civil en que idea Patria y entusiasmo por su Ejército se han manifestado de tal modo, que miro con optimismo problemas a resolver en este territorio.

LA LLEGADA A ZARAGOZA DEL CADÁVER. FUNERAL Y ENTIERRO

El cadáver del teniente coronel Valenzuela, llegará a Zaragoza en el correo de Madrid que tiene su llegada a las seis y cuarto de la mañana. Le acompaña desde la Corte el padre y los hermanos del finado, el Conde de Sobradiel y cuatro oficiales del Tercio, designados por los legionarios para rendir el último tributo de admiración y de cariño hacia el que fue su valeroso jefe.
A la estación acudirán los parientes y amigos del bravo militar y comisiones nutridas de jefes y oficiales.
En hombros de ocho soldados y de los criados de sus familiares será conducido el cadáver al Asilo de convalecientes. El cadáver será depositado en la capilla donde se celebrarán misas a las ocho, a las ocho y media y a las nueve de la mañana.
A las diez y cuarto el cadáver será depositado en un armón de Artillería que se dirigirá a la plaza de Aragón, donde a la llegada se organizará la comitiva fúnebre presidida por el capitán general señor Olaguer Feliú, ostentando la representación de S.M. el Rey.
Al capitán general acompañará el alcalde de Zaragoza, el gobernador y demás autoridades, y además habrá otra presidencia integrada por las personas de la familia del señor Valenzuela.
La comitiva estará previamente formada por el siguiente orden:
La guardia municipal montada se hallará en el andén izquierdo del Paseo de la Independencia a la altura de la iglesia de Jerusalén. Detrás se colocarán sin orden de prelación las entidades, corporaciones y particulares. Seguirán tres coches con coronas y a continuación el armón de artillería con el féretro. De éste penderán ocho cintas que tendrán la siguiente sencillísima inscripción: "Valenzuela, 5 junio de 1923"
Las cintas las llevarán un jefe de cada uno de los cuerpos y armas de Infantería, Caballería, Artillería, Ingenieros, Estado Mayor, Intendencia, Sanidad y Guardia Civil.
Detrás del féretro irá la presidencia de autoridades y a continuación la de la familia con la Maestranza. Cerrará la comitiva el piquete encargado de rendir honores.
Cerrará la comitiva el piquete encargado de rendir honores.
La comitiva seguirá por el Paseo de la Independencia, plaza de la Constitución, Coso y calle de Alfonso hasta la basílica del Pilar, donde se celebrarán funerales de cuerpo presente, interpretando la capilla la misa del maestro Cariñena y el miserere de Olleta.
Frente al Casino de Zaragoza se hará un alto y se rezará un responso. Durante el funeral darán guardia al cadáver representantes de la Real Maestranza a que pertenecía el finado, y luego de terminadas las exequias el cadáver del heroico jefe de la Legión recibirá cristiana sepultura en la cripta de la Santa Capilla. Se tributarán al cadáver de Valenzuela los honores militares de ordenanza.

UN TELEGRAMA DEL GENERAL SANJURJO

El domingo por la noche, el gobernador civil recibió un telegrama del general Sanjurjo, que dice así:
"Gobernador militar Málaga a gobernador civil Zaragoza. En tren expreso ha salido hoy para Madrid cadáver heroico teniente coronel jefe Tercio Valenzuela, al que el pueblo de Málaga sin distinción de clases sociales, con sus autoridades al frente ha rendido el merecido homenaje. Le saluda afectuosamente, el general Sanjurjo".

ADHESIÓN DEL CENTRO AFRICANO

El presidente del Casino africano de Ceuta ha encargado al capitán del 9º ligero don Francisco García del Valle que compre una hermosa corona con cintas de los colores nacionales dedicada al heroico jefe del Tercio señor Valenzuela, socio de aquel Casino y que asista al entierro representando a dicha entidad.

LOS REGULARES DE CEUTA

El teniente coronel del grupo de Regulares de Ceuta ha enviado el siguiente telegrama al coronel del regimiento de Aragón:
"Agradeceré ordene adquisición corona para heroico teniente coronel Valenzuela, que desea dedicarle grupo Regulares Ceuta, testimonio admiración y compañerismo, rogándole designe algún compañero que haga entrega de ella a familia, y nos honre representación entierro, suplicándole telegrafíe haberse efectuado".
El coronel Valdivia, se ha apresurado a cumplir el encargo de los Regulares de Ceuta.

VARIAS NOTICIAS

Para acompañar el cadáver del Hermano Activo D. Rafael Valenzuela, muerto heroicamente en África en defensa de la Patria, la Junta de la Hermandad del Refugio encarece a los señores hermanos, concurran a las diez y media de la mañana de hoy a la plaza de Aragón. Asimismo suplica, se sirvan asistir a la misa que por su alma se celebrará en el oratorio de la casa de la Hermandad, mañana miércoles a las diez y cuarto.
El alcalde ha autorizado a los empleados municipales para que asistan a los actos que se celebren con ocasión del entierro del teniente coronel.
La Junta de Festejos del Barrio de San Lorenzo, hondamente dolorida por la desgracia acaecida al bravo teniente coronel don Rafael Valenzuela Urzáiz, con quien le unían estrechos lazos de amistad, ya que ha convivido entre nosotros, se asocia al luctuoso acto de la inhumación de su cadáver, invitando al vecindario todo, del indicado barrio de San Lorenzo a que acuda al entierro del heroico Jefe del Tercio, habiendo acordado igualmente la celebración de una misa en sufragio del alma del héroe, cuya hora y día se fijará oportunamente.

ES TRASLADADO A LA PENÍNSULA EL CADÁVER DE VALENZUELA
SE REGISTRAN IMPONENTES MANIFESTACIONES DE DUELO
EL CADÁVER EN MÁLAGA
EL PUEBLO, CON SUS AUTORIDADES, SE CONGREGA EN EL PUERTO


Málaga.- En las primeras horas de la mañana, ha acudido al puerto un gran gentío para recibir el cadáver del heroico Valenzuela. Varios miles de personas se congregaban en el desembarcadero a las diez de la mañana, militares, obreros, profesionales, comerciantes, aristócratas, toda la ciudad de Málaga ha querido formar en la manifestación de duelo ante el cadáver del jefe del Tercio de Legionarios.
A las once de la mañana han llegado el gobernador militar general Sanjurjo, el gobernador civil, el alcalde con el Ayuntamiento, el presidente de la Diputación con los diputados, el presidente de la Audiencia y el delegado de Hacienda. A las once y media han sido desembarcados los restos.

DESFILE DE LA COMITIVA

Abría marcha una sección de la benemérita, seguían las cruces alzadas de las parroquias y el estandarte de la Legión, arrollado, escoltado por una sección de legionarios. El féretro de caoba, con herrajes de plata estaba cubierto con la bandera nacional. Fue colocado en un automóvil de artillería escoltado por la sección de legionarios. Sobre el féretro iba la insignia del Jefe del Tercio y las cruces.
Numerosas coronas se colocaron sobre el féretro.
El regimiento de infantería de Borbón rindió honores al cadáver. La comitiva recorrió las calles principales de Málaga, dirigiéndose a la estación. El numeroso gentío que presenciaba el paso de la comitiva dio vivas a la Legión y a España. Desde los balcones las señoras arrojaban flores sobre el cadáver.
El desfile por las calles de Málaga fue muy emocionante.


EN LA ESTACIÓN

El cadáver fue colocado en un furgón al que daban guardia los legionarios.
En la estación se desarrolló una escena de gran emoción entre el padre de Valenzuela y el capitán Aláez, del batallón de Extremadura que había mandado el heroico jefe.


EL CADÁVER EN CÓRDOBA
LOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS


Córdoba.- Ha llegado procedente de Málaga el tren que conduce el cadáver del heroico jefe del Tercio don Rafael Valenzuela.
Le acompañan su padre, sus hermanos don Joaquín e Ignacio, su hermano político don Manuel Sierra, su primo el conde de Sobradiel, el comandante del "Bonifaz", señor Muyn, el oficial don Manuel Mechilla, el médico don Julio Álvarez, el capitán ayudante del Tercio señor Ortiz de Zárate, el capitán Urzáiz, dos oficiales, un sargento y ocho legionarios, y un cabo y ocho marineros del cañonero "Bonifaz".
El furgón se apartó a una vía muerta para unirlo al expreso ascendente de Andalucía.
El féretro iba envuelto con un paño de los colores nacionales. En la estación esperaban el paso del cadáver todas las autoridades, comisión de los cuerpos de la guarnición, corporaciones y entidades locales y público numeroso. Las autoridades expresaron su pésame a la familia. Muchas personas quisieron ver el cadáver, pero no se permitió, porque iba completamente vendado. La guarnición de Córdoba depositó una monumental corona.

CUENTAN LOS LEGIONARIOS

Todos los legionarios que escoltan el cadáver tomaron parte en el combate donde encontró la muerte su jefe. Estos fueron los que recogieron su cuerpo inanimado. Dicen que ha sido el combate más duro que han sostenido en toda la campaña.
El Ayuntamiento de Córdoba acudió a la estación y depositó una hermosa corona. Al partir el convoy la multitud dio vivas al Tercio, a España y a Valenzuela.

EL CADÁVER EN MADRID
LLEGA EL EXPRESO


A las nueve de la mañana ha llegado el expreso de Andalucía, en el que viene el cadáver del teniente coronel Valenzuela.
En la estación esperaba numeroso público. Estaban los generales Vives, Barrera y Saro. El general Cavalcanti había marchado a Aranjuez para recibir el cadáver y acompañarlo hasta Madrid. El vicealmirante Barrera, ayudante del Rey ha estado en nombre del Soberano.
Se hallaban también una comisión del regimiento del Rey, muchos militares y no pocos aragoneses. El cadáver ha sido trasladado a otro furgón, cubierto con paños de los colores nacionales y se ha alzado un altar para decir misa.

LAS CORONAS


El furgón convertido en capilla ardiente, se ha llenado de coronas. Habían enviado la reina doña Victoria, la reina doña Cristina, el Ayuntamiento de Madrid, el Ayuntamiento de Córdoba, el cañonero "Bonifaz", los compañeros de promoción, el marqués de Alhucemas, su madre y otras muchas, en tal cantidad, que ha habido necesidad de colocarlas superpuestas.
A las coronas ya dichas, hay que añadir las siguientes:
Una de pensamientos de los Regulares de Larache, otra de D. Urbano González y familia, otra del Real Madrid Club, otra figurando una Cruz de Santiago, de claveles rojos, con cintas que rezan: A su heroico hijo, su madre; otra del general Berenguer; otra del Ayuntamiento y vecindario de Andújar; otra de un viejo soldado; otra de Pepe Cruz Conde; otra de los jefes y oficiales del Tercio y otra de la cuarta brigada disciplinaria.
Daban guardia al cadáver diez legionarios y ocho marineros del "Bonifaz". El hecho de que los marineros del cañonero "Bonifaz" den guardia al cadáver tiene su explicación.
Con ocasión de una fiesta celebrada en una posición avanzada, cuando el mando de Millán Astray, desfilaron juntos los del Tercio y la dotación del "Bonifaz" haciéndolo brillantemente.
Desde entonces, era considerado el "Bonifaz" como el cañonero de la Legión.

MISAS. DESFILANDO ANTE EL CADÁVER

Los legionarios que se hallan en Madrid heridos o enfermos, han acudido a la estación y desfilando ante el cadáver, deshojando ramos de flores.
Durante toda la mañana se han dicho misas por los capellanes castrenses y frailes franciscanos.
Velaban el cadáver los capitanes del Tercio, Velarde , Ortiz de Zárate y Antonio Urzáiz, el capitán Guzmán, el comandante Liniers, el capitán Alonso Vega, el capitán Franco y los suboficiales Hernández y Mata.
Han desfilado ante el cadáver comisiones militares de todos los cuerpos y armas.
Entre los generales que a primera hora han acudido, hemos visto a los generales Berenguer, Marina, Burguete y Navarro.

LA MISA DE LA MAESTRANZA

A las once y media se ha dicho una misa costeada por la Real Maestranza de Zaragoza. Han asistido todos los maestrantes que residen en Madrid, presididos por el marqués de Velilla de Ebro. Han oído misa muchísimas personalidades aragonesas, entre ellas el barón de la Torre y el señor Piniés. También han estado oyendo misa el señor Guillén y Sol, el marqués de Alhucemas, el señor Rodríguez Viguri y numerosos políticos.

LLEGADA DEL REY

Poco antes de las doce ha llegado el clero con cruz alzada, presidido por el teniente vicario señor Salgado. El clero ha rodeado el vagón y las fuerzas han formado la guardia. A las doce ha llegado el Rey con el jefe del cuarto militar general Milans del Bosch y el subsecretario del ministerio de la Guerra.
También han llegado a esa hora el alcalde con una comisión de concejales y muchas personalidades, entre ellas el general Weyler.
El capellán del regimiento de Telégrafos señor Pelletea ha dicho la misa que ha oído el Rey.
Don Alfonso muy emocionado ha dado el pésame a la familia de Valenzuela
Después ha montado en el automóvil y se ha dirigido a Palacio.

LAS BAJAS DE LOS LEGIONARIOS EN TIZZI-ASSA

Uno de los oficiales que acompaña el cadáver de Valenzuela nos ha dicho que fue éste el combate más duro que han sostenido. No se exagera nada diciendo que pasaban de siete mil los enemigos. Jamás se ha visto tanto moro reunido y además se observó que atacaban en masas compactas. El Tercio se vio aislado de las demás fuerzas. Así se explica que tuvieron 100 muertos, de ellos 7 oficiales y 200 heridos, entre ellos 14 oficiales.

NOTAS SUELTAS

Están orando junto al cadáver dos Hermanas de la Caridad francesas.
Esta tarde ha seguido el desfile frente al cadáver. Los andenes están atestados de público. Ha llegado de Toledo una comisión de la Academia de Infantería, presidida por el comandante Losaba, portador de una magnífica corona. Esta tarde han desfilado ante el cadáver el teniente coronel señor Núñez de Prado, el comandante de la Escolta Real señor González Tablas, hermano del heroico Jefe de Regulares fallecido, el conde los Moriles y otras distinguidas personalidades. El público no pudo ver el cadáver porque fue imposible el acceso.

SALIDA DEL CADÁVER

En el correo que tiene su salida a las seis treinta y cinco, va el furgón conduciendo el cadáver de Rafael Valenzuela.
Acompañan el cadáver el padre, los hermanos y el hermano político, el conde de Sobradiel, don Manuel Eulate y los oficiales y soldados que han venido de Melilla.

FUNERALES

El regimiento inmemorial del Rey al que perteneció el teniente coronel Valenzuela, se propone celebrar unos funerales por su alma, que serán horados con la presencia de los reyes.

HOMENAJE AL HIJO DE VALENZUELA

Joaquinito Valenzuela Alcibar, el hijo mayor del heroico jefe que tiene diez años se ha examinado hoy del primer curso del bachillerato y ha obtenido cuatro sobresalientes.
Los caballeros de Santiago se proponen rendirle un homenaje. Piensan hacerlo santiaguista y regalarle la venera de su padre, que está partida por un balazo.

13 JUNIO 1923

ZARAGOZA TRIBUTA EXPRESIVO Y SENTIDO HONOR
A LA MEMORIA DEL JEFE DEL TERCIO


Como habíamos previsto, el acto del entierro del heroico y malogrado teniente coronel Valenzuela Urzáiz constituyó una manifestación de duelo muy sincera y expresiva. Fue un homenaje cordial, un homenaje de cariño, de simpatía, de recuerdo afectuosísimo al amigo, al soldado aragonés que sucumbió abnegadamente, que dio su vida en ofrenda valiosa a su Patria, por la que sentía amor brotado de su alma caballerosa, de su corazón hidalgo y nobilísimo.
Zaragoza se manifestó cual correspondía a la elevada significación del homenaje: cordial, dolorida, reflejando en lo más recóndito del sentimiento popular, que es el mejor por ser el de más puro linaje, su conmoción ante las cenizas gloriosas del héroe, del bravo, del que supo morir como morir supieron aquellos que conquistaron para el Ejército los más preciados galardones guerreros.
El duelo por la muerte de Rafael Valenzuela Urzáiz ha sido nacional, pero tenemos la evidencia de que en ninguna parte como en Zaragoza se manifestó tan unánime, tan expresivo, tan identificado con la amargura que embargaba a la familia del finado.
Todos cuantos a Rafael Valenzuela conocimos y tratamos, sentimos ante sus restos la emoción más intensa, recordando su caballerosidad, su hidalguía, su corazón de niño en pecho de hombre y sus arraigadas virtudes militares. Descanse en paz el cadáver del bravo, del héroe, del soldado aragonés que honró a su tierra, y ésta le honra del modo más deferente, ofreciéndole una sepultura los pies de la Virgen que él amaba tanto.

LLEGADA DEL CADÁVER EN LA ESTACIÓN

A las 6'15 de la mañana llegó a la estación de Madrid el correo, unido al cual venía el furgón que conducía el cadáver del teniente coronel Valenzuela Urzáiz.
Acompañándole venían en el furgón su padre D. Rafael Valenzuela Sánchez Muñoz, sus hermanos D. Manuel y D. Ignacio, el conde de Sobradiel, el señor Oravio, el oficial de la Escolta Real D. José San Cristóbal, una comisión de Maestrantes que se unieron en Calatayud, el comandante de Caballería D. Heliodoro Linares, el comandante de la quinta bandera del Tercio señor Liniers, los capitanes señores Urzáiz, primo del finado, que recogió su cadáver, Ortiz de Zárate, Franco y Alonso y los oficiales señores Arderius y Garijo.
También venía una sección de once legionarios que se batieron al lado de Rafael Valenzuela el día que murió. A recibir el cadáver acudieron a la estación del Campo Sepulcro varios parientes del finado y bastantes compañaeros de armas. El furgon en el que fueron traídos los restos del teniente coronel Valenzuela estaba forrado con tapices de los colores nacionales y adornado con buen número de coronas de flores naturales.
La sección de legionarios sacó del furgón del féretro, que era de caoba y estaba cubierto con la bandera española. Encima del féretro se colocó una preciosa cruz de la Orden de Santiago, hecha con flores, ofrenda de la respetable madre del finado, y una magnífica corona dedicada a Rafael Valenzuela por S.M. la Reina María Cristina.

EN EL HOSPITAL DE CONVALECIENTES. MISAS EN LA CAPILLA ARDIENTE. DESFILE DE PUBLICO ANTE EL CADÁVER

A hombros de los soldados de la Legión, el cadáver fue trasladado al Hospital de Convalecientes, fundado por la Hermandad de la Sopa e instalado en el barrio de Cariñena, próximo a la estación de Madrid. En un túmulo colocado en el centro del Oratorio fue depositado el féretro, al que continuaron dando guardia los legionarios.
Al Hospital de Convalecientes acudieron bastantes personas de la familia del finado, oyendo las misas que se dijeron en la capilla ardiente. La primera misa fue celebrada por el canónigo señor Lafuente y en ella comulgaron los parientes de la familia Valenzuela. El Obispo auxiliar de Zaragoza señor Díaz de Gómara también estuvo acompañado del conde de Gabarda, en dicho establecimiento benéfico, rezando un responso ante el cadáver.
Por el Oratorio de la Casa de Convalecientes desfiló numeroso público, en su mayoría perteneciente a la clase obrera, que acudió a rendir un tributo de respetuoso afecto admirativo al heroico jefe del Tercio.
Junto al féretro, el tiempo que éste permaneció en la capilla ardiente, estuvo colocado el guión de la quinta bandera de la Legión, que fue a la que Rafael Valenzuela arengó minutos antes de perder la vida.

EN LA PLAZA DE ARAGÓN.
SE ORGANIZA LA COMITIVA PARA EL TRASLADO DEL CADÁVER AL PILAR


A las diez y veinte, el féretro fue sacado en hombros de los legionarios y depositado en un armón de Artillería, que previamente había sido llevado al Hospital de Convalecientes. Escoltado el cadáver por los oficiales del Tercio y por sus familiares, llegó a la plaza de Aragón. En ésta se hallaban las autoridades e inmenso gentío que acudió a expresar su sentimiento por la pérdida de tan bravo y caballeroso soldado aragonés.
Tres compañías del regimiento del Infante, al mando del comandante señor Nouguós, con escuadra, bandera, banda y música, formaban a lo largo del paseo de Sagasta para rendir al cadáver los honores de ordenanza.
En cuanto llegó el armón, se organizó la fúnebre comitiva para el traslado del cadáver al templo del Pilar. El orden de formación fue el siguiente:
Guardia municipal.
Cruz alzada de la parroquia de Santa Engracia.
Doce coches con coronas dedicadas al finado.
Hermandad de la Sangre de Cristo con su pendón.
El banderín de la quinta bandera del Tercio, conducido por un suboficial a caballo, escoltado por cuatro legionarios.
Otro suboficial del Tercio, conduciendo el gorro, el sable, el bastón y la medalla Militar del teniente coronel Valenzuela.
Sección de once legionarios, al mando de un sargento.
El féretro, cubierto con la bandera española y escoltado por los oficiales de la Legión y maceros de la Real Maestranza.
El capitán general señor Olaguer, que además de la propia, ostentaba la representación del Rey.
Presidencia de la familia, en la que figuraban el obispo auxiliar, D. Rafael Valenzuela Sánchez Muñoz, padre del finado, sus hermanos D. Manuel y don Ignacio, D. José San Cristóbal, los condes de Sobradiel y de Gabarda, el barón de Areyzaga, D. Arturo Guillén, don Francisco Urzáiz y otros muchos parientes.
Presidencia de autoridades.
Numerosas comisiones de los cuerpos y dependencias militares de la guarnición.
Cerraba la comitiva un grupo que no bajaría de dos mil personas entre las que figuraban de todas las clases sociales y finalmente las fuerzas que rendían honores.
Presenció el desfile numeroso público, estacionado en el Paseo, Coso y calle de Alfonso, y desde los balcones. Al pasar el armón de Artillería que conducía el féretro ante el Casino Principal, se detuvo, y el teniente vicario castrense, que es socio de dicho centro, rezó un responso, cumplimentando así un acuerdo de la Directiva. Las cintas del féretro eran llevadas por jefes de los distintos cuerpos.
El Casino Mercantil y el Grupo Valencia lucían tapices con crespones y en el segundo se izó la bandera a media asta. Desde un hotel de la calle de Alfonso, al paso del cadáver, las artistas de la compañía del Reina Victoria arrojaron gran cantidad de flores. También desde uno de los balcones de la misma calle, las damas de la benemérita institución de la Cruz Roja hicieron ofrenda de flores a los restos mortales del inolvidable jefe de la Legión.

EN EL PILAR. DESFILE DE FUERZAS. VIVAS Y ACLAMACIONES. LOS FUNERALES.

Llegó la comitiva al templo del Pilar. En la puerta alta de la basílica se depositó el féretro y se abrió paso en la plaza para que pudieran desfilar las fuerzas del Infante.
El desfile dio ocasión a que se manifestara la honda emoción que a todos embargaba, y el público prorrumpió en entusiastas aclamaciones a España, a la Legión y al Ejército.
Las compañías del Infante hicieron en la ribera del Ebro las salvas de ordenanza, y después el féretro fue llevado en hombros de oficiales del Tercio y antiguos compañeros de Rafael Valenzuela, hasta el túmulo que se había instalado en el centro de la "vía-sacra" del templo.
Seguidamente dieron comienzo los funerales en sufragio del alma del finado.
En el presbiterio tomaron asiento el obispo auxiliar señor Díaz de Gómara, los señores de Valenzuela, sus parientes más allegados y autoridades.
En bancos destinados al efecto se sentaron las comisiones y representaciones oficiales. Daban guardia de honor al cadáver los legionarios, ministrado por dos beneficiados. La capilla del Pilar interpretó a gran orquesta la misa del maestro Cariñena y luego el miserere pequeño de Olleta. Terminado el funeral, se procedió a trasladar al cadáver a la cripta de la Santa Capilla, para su inhumación.
El féretro fue conducido a hombros por oficiales de la Legión y algunos otros que fueron compañeros de promoción o de destino del malogrado teniente coronel Valenzuela.

EN LA CRIPTA. ESCENAS DE GRAN EMOCIÓN. LA GRATITUD DE UN PADRE.

Logramos, después de no pocos esfuerzos, bajar a la cripta de la Santa Capilla, pues a ella tan solo se permitió el acceso a la familia del finado, a los legionarios y a algunas autoridades de las que no se ausentaron antes de la inhumación de los restos de Rafael Valenzuela.
Y hemos de declarar `que en la cripta presenciamos una de las escenas de mayor emoción de nuestra vida. En el centro, sobre un túmulo, se depositó el féretro. Le rodeaban los canónigos y beneficiados de ambas catedrales, los legionarios, la familia de Rafael Valenzuela, sus parientes y sus amigos más íntimos.
Una luz tenue iluminaba la cripta, que presentaba un aspecto digno de ser reproducido en lienzo por el pincel de un pintor inmortal. El ambiente infundía en el ánimo profunda depresión.
Ignacio Valenzuela, situado, junto a su padre y su hermano Manuel, a la cabecera del féretro, se creyó en el deber, antes de la inhumación de los restos del héroe, de pronunciar breves palabras henchidas de patriótico fervor, que terminó con vivas a España, a la Legión y al Ejército, clamorosamente contestados.
Después el deán del Cabildo don Florencio Jardiel trató de dedicar un recuerdo al héroe, pero hondísimamente conmovido tan solo pudo balbucir dos o tres frases, cayendo sobre el féretro, sufriendo un desvanecimiento.
Y luego, ya repuestos todos los circunstantes de la impresión producida por la anterior escena, otra más intensa hizo vibrar las almas.
El padre de Rafael Valenzuela, con entereza admirable, dejó oír su voz, que se elevó hasta el Cielo en ofrenda de dolor, aplacado por el lenitivo del homenaje rendido a su hijo.
"Mi amargura -decía el padre del hidalgo- se acalla por dos satisfacciones: una, que mi hijo haya obtenido una muerte gloriosa en defensa de España, otra, que los restos de Rafael, el Rafael de mis amores repose a los pies de la Virgen Santísima del Pilar".
Agradeció en términos muy expresivos al Cabildo esta deferencia y también brotó del corazón caballeroso de D. Rafael Valenzuela Sánchez Muñoz un viva España, que apenas pudo ser contestado porque todos nos hallábamos bajo los efectos de la más intensa emoción.
Se rezaron los últimos responsos al cadáver y se procedió a su inhumación en un nicho de la cripta, junto al que yacen los restos del Cardenal García Gil.
Con esto se dio por terminada la ceremonia que, como decimos, estuvo matizada por los más definidos caracteres emotivos.


VÍTORES A LOS LEGIONARIOS

Al salir del templo del Pilar los jefes y soldados del Tercio, fueron vitoreados con frenético entusiasmo por el público que se hallaba estacionado en la plaza.
Hombres y mujeres besaban el glorioso banderín de la Legión y los aplausos y vivas eran clamorosos.
Seguidos de un numeroso grupo, en el que también figuraban algunos miembros de la familia Valenzuela, los soldados del Tercio se dirigieron por la calle de Alfonso, Coso y paseos de la Independencia y de Pamplona al Hospital de Convalecientes, en el que la condesa de Sobradiel les había preparado alojamiento.
Los legionarios no dejaron de ser aplaudidos y vitoreados. Estas manifestaciones patrióticas llenaban de orgullo a los bravos guerrilleros, quienes aseguraban que en parte alguna recibieron tan efusivo homenaje como en Zaragoza.

SU REGRESO

Esta tarde en el rápido marchan a Madrid, para regresar a África, el comandante Liniers y los oficiales y soldados del Tercio.
Seguramente que el pueblo de Zaragoza les tributará una despedida entusiasta y cariñosa.
Sabemos que buen número de distinguidas señoritas sé proponer acudir a la estación para ofrecer flores a los bravos legionarios.
Ayer, en el Casino Principal, varios socios tuvieron el rasgo simpático de iniciar una suscripción para obsequiar a los soldados del Tercio, testimoniándoles así su simpatía y la admiración que Zaragoza siente hacia el aguerrido cuerpo. Las personas que deseen cooperar a la suscripción, pueden enviar sus donativos al presidente de dicho Casino.

UN BANQUETE A LOS LEGIONARIOS

El Grupo Valencia, obsequió anoche con un banquete a los legionarios que han venido acompañando el cadáver de su jefe. No hay que decir que la comida, tratándose de valencianos, tuvo por primer plato la clásica paella.
Al final del acto, el presidente señor Campos de Loma, ofreció el agasajo, contestando con sinceras palabras de gratitud el comandante del Tercio Sr. Liniers.
El legionario herido Lucio Huarte, natural de Tudela, cantó briosas jotas aragonesas y valencianas. Hubo gran entusiasmo durante el banquete, al final del cual sonaron entusiastas vivas a España, a la Legión y al malogrado jefe del Tercio que ha sucumbido con un heroísmo ciertamente ejemplar.

Por allá van los bravos legionarios
que mil vidas ahorraron temerarios,
exponiendo su propio corazón.
Apláudeles, soldado: Por tu suerte
se baten cada día con la Muerte
los valientes que forman la Legión.

14 JUNIO 1923

EL ESPÍRITU DEL LEGIONARIO

Escoltando al cadáver del heroico Valenzuela, ofreciéndole el último tributo de su lealtad, han permanecido en Zaragoza durante dos días unos cuantos legionarios.
A todos ha inspirado su presencia admiración, donde quiera que fueron los recibió la cordialidad y el aplauso, y ayer, cuando apretados junto al Guión prestigiado por una historia de audacias, volvieron al campo de sus luchas, la multitud congregada en la estación de Madrid los aclamó con entusiasmo, y las damas y señoritas que acudieron a ofrendarles flores, regalos y afectos, completaron el vigoroso colorido del cuadro con un delicado motivo sentimental.
De esta guerra de Marruecos, cuyos infortunios hieren tan reciamente el corazón de España, resalta el gesto decidido de la Legión. Nada tan sugeridor como la actitud gallarda de estos hombres, acechadores del peligro y amantes de la muerte, en cuyas vidas pretendemos adivinar los mayores dolores, los más hondos fracasos.
Pero nada más lejos de ser, en absoluto, como ligeramente se piensa, hombres terribles, náufragos en el mar del delito, de sombrías conciencias atormentadas por el pecado. Son contrariamente, la mayoría víctimas de fracasos sentimentales, angustiados por una emoción familiar o amorosa, que pretenden acallar buscándose las otras, las más bruscas y alucinantes emociones de la guerra, generosos desdichados enamorados de la Aventura, inquieta y veleidosa como una cortesana.
Unos llevan a cuestas, como una carga muy pesada, la desilusión que llevó a sus almas la perfidia de alguna mujer, en cuya lealtad, ¡ingenuos! confiaron, otros vieron malograrse, por egolatría de los influyentes y de los envidiosos, sus claras esperanzas de artistas, aquellos, acuden al gran tapete verde de la batalla, a jugarse la vida -esclavos del azar- con análoga tranquilidad que pusieron a un número, a un color o a una carta su última peseta, algunos -un poco enfermos de literatura-, enfervorizados por emular la gesta heroica de los grandes capitanes españoles, famosos cuando no se ocultaba el sol en los dominios de España, quiénes deseosos de abatir remordimientos, autores de un crimen, más que de maldad de pasión, los que ya se redimieron de sus vidas azarosas por sólo pensar en redimirse, pocos únicamente perversos atraídos sólo con el incentivo de una fuerte soldada.
Justo que se les llame caballeros legionarios, que quienes siente íntimamente el arrepentimiento ya son nobles y señores. Caballeros, sí, caballeros del sacrificio, de la hidalguía, del amor y del dolor, espíritus raciales que no estiman la vida por la vida misma. Nada vale ella, en efecto, si un destino adverso nos venció para siempre, y entonces bien está el rasgo -reverenciémoslo- de ofrecer la propia por fecundar la vida excelsa, esmaltada de ideas grandes y llena de inmensos cariños de la Patria.

OBSEQUIO DE LAS DAMAS DE LA CRUZ ROJA.
DONATIVOS DE CORPORACIONES Y ENTIDADES.
UN ALMUERZO EN EL SATURNO


Los bravos legionarios llegados a Zaragoza acompañando al cadáver del teniente coronel Valenzuela, continuaron ayer siendo muy agasajados por personas y entidades de nuestra capital, deseosas de mostrar su admiración a los que de modo tan abnegado combaten en los campos de África.
Por la mañana, la Junta de damas de la Cruz Roja les hizo una visita en el Hospital de Convalecientes, donde estaban alojados, prodigándoles todo género de atenciones e invitándoles a comer en el Saturno.
Aceptaron reconocidísimos los soldados del Tercio y a la una se celebró el almuerzo en el comedor del parque que estaba adornado con plantas y banderas españolas y de la Cruz Roja. Con los legionarios se sentaron a la mesa las señoras Aldama e Fernández, Agüera, Aubá, Aguadp. Allué de Ferrer, Campos de Loma, Castro de Rubio, Cavero, Cueto, Francés y Rivas y las señoritas de Olaguer, y al comienzo asistieron el comandante señor Liniers, con todos los oficiales de la Legión y los señores conde de Callarda, conde de Sobradiel, Urzáiz, Campos de Loma, Cavero y Sanchez Muñoz. También asistió el doctor Lozano, que permaneció en el comedor durante el almuerzo, conversando afectuosamente con los valerosos combatientes.
Transcurrió la comida muy animada, que comenzó cantando los legionarios, acompañados de la orquestina, el himno del Tercio, escuchado de pie por los concurrentes. A los postres, la orquestina interpretó la Marcha Real, que fue acogida con una gran salva de aplausos, vivas a España, al Rey, a Zaragoza, a la Cruz Roja y as la Legión.
El legionario aragonés Lucio Huarte cantó un potpurrí con letra alusiva a las hazañas de la Legión, que fue muy aplaudido.
Nuestro redactor artístico señor Cepero obtuvo varias fotografías y ofreció una ampliación, que firmarán las damas de la Cruz Roja para que figure en la Legión como recuerdo del homenaje de Zaragoza. Cepero fue muy felicitado por su simpático rasgo, así como la empresa del Saturno que atendió cariñosamente a los agasajados.

EN EL PILAR. LOS LEGIONARIOS SON APLAUDIDOS EN LAS CALLES

Terminada la comida, en automóviles ofrecidos galantemente al efecto por los señores Ferrer, Borobi y Ros, los legionarios se trasladaron al templo del Pilar para despedirse de la Virgen, en quien tanta fe tenía su infortunado jefe.
El paso de los del Tercio por las calles, así a la ida como cuando regresaron camino ya de la estación de Madrid, fue saludado con aplausos y vítores entusiásticos.
En el Pilar permanecieron breve rato, marchando seguidamente como decimos, a la estación de Madrid para subir al rápido que pasa por nuestra capital a las cuatro de la tarde


EN LA ESTACIÓN. FLORES Y DONATIVOS

En el andén de la estación de Madrid se había congregado desde bastante antes de la hora en que tiene la salida el convoy, numerosísimo público, que se proponía tributar a los heroicos muchachos una entusiasta despedida. Allí acudieron también las damas y señoritas de la Cruz Roja que a la llegada de los legionarios les regalaron flores, medallas de plata de la Virgen del Pilar y meriendas. También concurrieron a la estación el capitán general señor Olaguer-Feliú, representaciones de autoridades civiles y militares y numerosos jefes y oficiales de los regimientos de la guarnición francos de servicio.
El presidente ejerciente de la Diputación provincial D. Julio López Gil hizo entrega al jefe del grupo expedicionario de la cantidad de quinientas pesetas, cumpliendo un acuerdo tomado por la corporación referida.
El tesorero del Casino de Zaragoza a quien acompañaba una comisión de socios, entregó asimismo al comandante Liniers 1.500 pesetas, 500 para ser repartidas entre los legionarios llegados a nuestra capital y 1.000 para que las repartiera al llegar a Melilla entre los que a su juicio lo merecieran.
De igual modo los suboficiales fueron obsequiados en nombre del Casino con cajas de habanos y licores.
En tanto llegaba el tren procedente de Barcelona, el numeroso público que se hallaba en la estación rodeó a los legionarios aclamándolos y dando repetidos vivas a España, al Rey y a la Legión, los legionarios los contestaron unánimemente y a su vez dieron vivas a la Virgen del Pilar y al pueblo de Zaragoza. Fueron unos momentos de hondísima emoción que aumentó de modo extraordinario cuando los legionarios subieron al tren, en torno a su bandera, que llevaba un oficial desde una plataforma inclinada hacia el público.
Al arrancar el tren se reprodujeron las manifestaciones de entusiasmo que duraron hasta que el convoy sé pedió de vista. La despedida tributada a los bravos legionarios, a quienes deseamos mucha suerte, fue, como decimos al comenzar, entusiasta y conmovedora.

VARIAS NOTAS

Por la mañana, los legionarios estuvieron en los cuarteles despidiéndose de los oficiales de los regimientos de la guarnición.
Cuando llevaban la bandera del Tercio al cuartel, una mujer del pueblo avanzó y abrazando al oficial abanderado le entregó un billete de 100 pesetas para que lo repartiera entre los legionarios.
En la estación, otra mujer del pueblo, que se negó a dar su nombre, regaló al sargento de los legionarios otro billete de 100 pesetas.

UN TELEGRAMA AL CAPITÁN GENERAL

El capitán general señor Olaguer-Feliú ha recibido del jefe de la Casa Militar de S.M. el Rey el siguiente despacho:
"Enterado S.M. el Rey de su telegrama de ayer me encarga manifieste agradecimiento a V.E. y toda esa población por homenaje tributado cadáver heroico teniente coronel Valenzuela y le saluda afectuosamente".