23 dic 2007

EL SALVADOR


















Desfilen los antiguos alumnos del Salvador en columna de honor ante sus héroes.
Pinchan sus corazones en tributo de amor.
Presenten juntas sus manos como en plegaria.
Esta vea fueron dos los héroes.
Rafael Valenzuela Urzáiz, el Jefe de la Legión,
muerto frente al moro el 5 de junio, en el barranco de Tahuarda.
Rafael Valenzuela Sánchez Muñoz, el padre del muerto glorioso, ofreciendo su vida, y la de otros
cien hijos que tuviera, en holocausto a su Fe y a su Patria, ante los restos del hijo, al darles
sepultura en la cripta de la Santa Capilla del Pilar de Zaragoza el 12 de junio.
Dos héroes de la misma sangre y afina; dos antiguos alumnos...
Inscribamos su nombre en el cuadro de nuestras glorias.
Pepe Yarza, Cistué, Mantecón, Valenzuela... van siendo ya legión.
Así cumplen su deber los chicos y grandes del Salvador, los mozos y los viejos del Salvador, que aprendieron a obrar el bien por el bien y a la mayor gloria de Dios.
¡Oh, héroes gloriosos, ya juzgados y triunfantes en el Supremo Tribunal divino! Rogad por nosotros.

N. BASELGA Y RAMÍREZ.









ACOMPAÑANDO EL CADÁVER DE VALENZUELA

La Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio del Salvador rindió en pleno los honores, bien podemos decirlo, al cadáver de Valenzuela el día 12 de junio en que fue traído a Zaragoza para ser enterrado en la santa basílica del Pilar.
Ya en la estación se vieron algunos, a pesar de lo temprano de la hora (las seis y media) y lo acompañaron con la numerosa comitiva hasta el oratorio de la Hermandad de la Sopa, constituido en capilla ardiente. Fué iniciativa de la M. I. Sra. Condesa de Sobradiel que de las pocas misas que allí podían celebrar-se, una fuese la de nuestro P. Rector. Allí estaban para ayudársela, como lo hicieron, los antiguos alumnos señores Baselga (D. Mariano y D. Santiago) , Presidente el primero y vocal el 2.° de la Junta directiva de A. A. Ambos, junto con D. Antonio Portolés, también vocal de dicha Junta, comulgaron en la Misa, ofreciendo por su llorado compañero el mejor testimonio de cariño y amistad que puede ofrecerse.
El duelo se había de organizar a las diez y media, en la plaza de Aragón, para la conducción del cadáver. Cabe decir de paso que fué una manifestación espléndida de toda la ciudad. Bastó una ligera insinuación publicada en El Noticiero, que los antiguos alumnos que deseasen formar en el duelo se reuniesen en el jardín del Colegio, a las diez y cuarto, para que acudiesen en gran número, muchos más de los que pudieran esperarse. No recordamos sus nombres ni acaso la mitad de ellos, mas plácenos consignar los que en este momento nos vienen a la memoria. Tales fueron los señores Baselga (D. Mariano y D. Santiago), Comín, Sancho (padre e hijo), Salvo, venido expresamente de Sádaba para este acto, Casanova, Aramendía, Vela, Portolés, Ostalé Tudela, Esteban (D. Mariano), Romeo Cantín (D. Jesús), Ibarra (D. Julio), Escudero (D. Julián), La Hoz (D. José María), venido de Valencia, etc., etc. Estos son de los más antiguos; empero de los más recientes no faltaban tampoco, y en buen número.
Con ellos íbamos varios Padres en representación del Colegio y entre ellos no podía faltar el P. Velilla, también antiguo alumno del Colegio.
Fue aquél un bello acto de compañerismo. La Asociación de Antiguos Alumnos formó compacta en el cortejo fúnebre, asociándose al luto de la ciudad y a las glorias del inolvidable héroe.

MI OFRENDA A VALENZUELA

Se la merece de todos los buenos españoles, entre los que yo quiero contarme. Pero no voy a ofrecerle corona de flores, como otros han hecho
No me gustan; se marchitan demasiado pronto.
¿Le ofreceré oraciones, santos sacrificios?
Indudablemente; esto se ha de dar por descontado; se los he ofrecido y con todo el afecto de mi corazón.
Pero no es ésta la ofrenda mía, que me es propia y peculiar. La mía ha de ser científica. Quiero perpetuar el nombre de Valenzuela en el campo de la Ciencia. ¿De qué manera? Dedicándole un género de insectos, a ser posible de Africa o España, que llamaré Valenzuela. ¿No os gusta la idea? ¿No os parece lindo el nombre? Sin duda alguna.
Mas ¿dónde está ese insecto género nuevo, que se ha de llamar Valenzuela? Voy a salir a las excursiones de verano; puede que sea tan afortunado (como otras veces) que Dios me lo depare, y entonces, la cosa es un hecho. Si no, entre los insectos exóticos que reciba se habrá de hallar alguno, y lo aprovecharé cuando se presente. Porque eso de ir a buscarlo al Rif ya es demasiado para mi edad y estos tiempos que corremos.
En el caso inverosímil de no tener a mi disposición un género, habré de dedicarle una especie, una variedad siquiera, que apellidaré Valenzuela. O ambas cosas, si os parece mejor.
Porque además del placer que en ello tendré por contribuir a su gloria, me siento en cierto modo como obligado. No fue Rafael mi discípulo, pero sí mi hijo espiritual en los mejores años, en los años de la inocencia. Era una alma cándida, recta, noble. Estos dulces recuerdos me estimulan a colocar una perla, perla científica, en la corona de su gloria.

LONGINOS NAVAS, S. J.

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